jueves, 17 de noviembre de 2016

Un tema a resolver por los maestros.


Desconcertado. Perplejo...  Así quedé frente a esta nota de La Nación, publicada este martes 16 de noviembre pasado. ¿Un Estado que decide cómo deben enseñar y, en particular, qué método deben utilizar los maestros para que un chico de 6 o 7 años aprenda a leer y escribir? Pensé que era una etapa superada. Se “ha decidido impulsar una metodología de alfabetización basada en la 'conciencia fonológica' abandonando el marco psicogenético de los últimos 30 años”, dice la nota. Aunque, no confirme el Ministerio a través de la secretaria de Innovación y Calidad Educativa de la Nación, Mercedes Miguel en la misma nota, la decisión de alentar la "conciencia fonológica" como enfoque prioritario en la enseñanza de la lecto-escritura en los diseños curriculares de los primeros grados de primaria parece estar bastante avanzada.
Si “googleas”, “métodos para enseñar a leer y escribir”, te encontrarás con más de 3,570,000 resultados y no sabrás por dónde empezar. Muchos de esos resultados dirán que aprender por sílabas es lo mejor, otros que por sonido, unos más por el método global de leer palabras completas. Al poco tiempo seguramente estarás sumamente confundido. Parece “una suerte” y que, como por arte de magia, los únicos no “confundidos” en este debate sean las autoridades del Ministerio de Educación y hayan dado con “la solución” a tanto “debate inútil”. Lamentablemente, les traigo malas noticias... El debate que tiene sus raíces profundas en los inicios del siglo XIX y cada tanto, como por oleadas, se reitera hasta nuestros días. Un debate que los mismos especialistas no han logrado saldar. En la base de este “drama”, las investigaciones muestran que, aunque haya varios métodos y opiniones con las que sea fácil confundirse, las formas de enseñar, se inventaron para cubrir necesidades específicas y funcionan con algunos niños, con otros no. Parece que hay chicos muy malos que han decidido ir contra la lógica del “método único” y se resisten a aprender... Tajante dramatismo...
En este caso, el debate sobre la adquisición de la escritura entre las dos perspectivas señaladas al inicio establece claras divergencias. Por un lado, la conciencia fonológica hace énfasis en la adquisición del principio alfabético de la escritura y es considerada como una habilidad para poder operar con unidades sonoras de la lengua, al tiempo que considera que la inclusión en la cultura letrada tiene como centro la adquisición del alfabeto y la correspondencia letra-sonido. Por otro, la mirada desde la psicogénesis propone, entre otras varias cuestiones, la adquisición del sistema de escritura, el acercamiento a las prácticas sociales que involucran la lengua escrita y la concepción de que las palabras son unidades que el niño escucha en un continuo y que no conoce, en primera instancia, cómo ni dónde segmentar. Es de destacar que la conciencia sobre lo sonoro se adquiere, desde esta perspectiva, en forma espiralada, en un proceso de interacción con la escritura, por lo que a medida que el niño avanza en las posibilidades de producción escrita, avanza también en la conciencia sobre la oralidad.
Estas dos concepciones, una de origen anglosajón y la otra de

origen latinoamericano plantean diferentes posturas en relación a cómo va entendiendo el niño que las letras poseen un valor sonoro. Mientras que la conciencia fonológica señala que el proceso debe iniciarse con la enseñanza de la relación fonema-grafema, la psicogénesis afirma que los niños piensan sobre la sonoridad al escribir, al estar en situación de escritura, ya que la escritura es portadora de significado y diferente de la expresión oral.
Las estrategias didácticas que proponen ambas se enmarcan, entonces, en concepciones diferentes. Mientras la primera hace énfasis en la adquisición del principio alfabético de escritura y diseña programas altamente estructurados que guían al maestro y al alumno, paso a paso, hasta lograr la adquisición del alfabeto y la correspondencia letra-sonido, la otra diseña intervenciones didácticas sistemáticas para la inclusión de los niños en la cultura escrita con variedad de propósitos, textos y prácticas.
En este marco, durante las últimas cuatro décadas, la búsqueda de sustentar el “mejor método” de enseñanza de la lecto-escritura ha dado lugar a un importante número de investigaciones. En cada una de ellas encontrarás evidencia empírica que dará sustento a cada uno de los diferentes enfoques. Pero, en las conclusiones de aquellos que son serios y responsables (de los que no te quieren “venderte nada”), siempre se incluirá la puesta en duda de que “este o aquel método” sea el único posible de ser implementado para todos y cada uno de los chicos que están aprendiendo a leer y escribir. ¿Uno de los motivos? En el fondo todas chocan contra las distintas concepciones de un término plurisémico como es el de la “alfabetización”. Dar “sentencia firme” sobre las diversas concepciones que, a través del tiempo, dieron sustento teórico a las distintas didácticas en este campo (teorías asociacionistas, psicogenéticas, socio-históricas y muchas otras) sería/es para un investigador serio algo más que temerario.

¿Está bien entonces que un Estado, desde algún lugar de decisión política y en el marco de un debate que ni los especialistas en el tema han logrado ponerse de acuerdo, imponga una mirada? o ¿es mejor que los que poseen el conocimiento teórico y práctico, en este caso los maestros, en las escuelas, con sus alumnos, estén facultados a elegir la perspectiva y las estrategias didácticas que más convengan adoptar y desarrollar? Tengo una sola respuesta. A esta altura de lo escrito no parece que sea necesario que la explicite. ¿O sí? ¿El porqué de mi postura? Responderé con una anécdota de mi época de profesorado, hace ya varias décadas. Un día el profesor de Plástica y su didáctica (el “Tano” Benedetti, para los que fuimos sus alumnos) nos preguntó para que creíamos que estaban los maestros en las escuelas. Tras responder casi a coro la respuesta que seguramente se está dando el lector, repreguntó “¿y a quiénes les tienen que enseñar esos maestros? La respuesta ya no fue “a coro” posiblemente por las dudas que empezaron a circular entre la asistencia, los que íbamos a ser futuros docentes. Ante esas dudas la respuesta de Benedetti fue contundente: “Uds van a estar allí en el aula para enseñarle a los que no aprenden. Los que aprenden solos, no los compliquen. Pero sobre todo grábense algo: los métodos que elijan para enseñar se deben adecuar a los que aprenden y no los que aprenden al método que Uds elijan. Si uno no funciona, hay que probar con el siguiente hasta que demos con el correcto. Sólo es cuestión de conocer a cada pibe y que Uds. se formen y capaciten como maestros para aprender todas las opciones que existan. En el mejor de los casos y si aprendieron mucho sobre qué métodos usar y son creativos encontrarán uno nuevo que les servirá a Uds y a sus pibes”.
Por eso, más allá de si encaramos desde una perspectiva o de otra, entiendo que la idea de “bajar” una metodología desde un Ministerio sólo incursionaría en modelos más emparentados con estados totalitarios que con la complejidad y riqueza que hoy circula por nuestras escuelas en Democracia. Sí, aunque no esté a simple vista, circula mucho conocimiento por nuestras escuelas...
En todo caso, volver a confiar en la capacidad de nuestros docentes y en la rigurosidad de la formación y capacitación de los actuales y futuros será la mejor política pública en Educación que puede transitar un Estado moderno e inteligente como el que necesitamos.

NOTA: Las imágenes que acompañan esta nota son del libro para primer grado "Mi amigo Gregorio", libro que utilicé con mi maestra Marina cuando me enseñó a leer y escribir hace 44 años... Este libro utiliza el método denominado "palabra generadora" cuya propuesta didáctica era partir de las opiniones y reflexiones del grupo en torno a problemáticas que sugieren distintas palabras que derivaran paulatinamente familias silábicas en distinto orden para evitar lo mecánico. Este método retoma las aportaciones de Paulo Freire y de la educación popular. 

sábado, 12 de noviembre de 2016

Estados Unidos, Educación y algo más que elegir un presidente...


Como bien dice el periodista Daniel Santa Cruz, en La Nación, la Educación no parece haber estado muy presente en la última campaña presidencial en los Estados Unidos. El nivel paupérrimo del debate en el que transcurrió toda la campaña, parece haber invisibilizado las propuestas educativas de ambos partidos representados por Hillary y Donald.
Pero ojo! Hubo propuestas por el lado de Clinton y también las hubo por el lado de Trump. En este último caso, varias de ellas previsibles para un candidato republicano. Una, como describe la nota, es "la descentralización absoluta de la administración de las escuelas". Por estas tierras llama la atención que esta proposición incluya cerrar el US Department of Education (nuestro Ministerio de Educación), un gigante burocrático cuyo principal objetivo es distribuir y vigilar como se usan los u$s73 mil millones que conforman hoy los fondos federales destinados a Educación. Un viejísimo sueño de los "conservadores" pero de dificultosísima ejecución. La idea es reinvertir esos millones de dólares en un voucher educativo federal. Aunque no me gusta nada el tema de la "voucherización", debo reconocer que el planteo de la "desaparición del organismo federal" parece ser interesante y merece más que un pequeño párrafo, por lo que lo abandono para retomarlo seguramente en alguna otra nota. En breve, pero no aquí... 
Por otra parte, no estoy acá para replicar una nota de La Nación y su publicación me "obliga" a buscar otra dirección. El que quiera profundizar, tiene la buena nota de Daniel para hacerlo. Elegí otro enfoque para "despuntar el vicio y escribir algo" sobre las elecciones en Estados Unidos. Y encontré algo que me pareció igualmente cautivante... Y aquí voy...
En cada elección, en el país del Norte, mientras se elige un presidente y algunos otros cargos federales o locales, se realizan diversas compulsas que preguntan a la población, por sí o por no, sobre temas específicos. Acá le llamamos "consulta popular" y están emparentadas con el concepto de "Democracia participativa"... Sí! Ya sé! Algunos me recordarán que la utilización de esta herramienta últimamente está siendo puesta en duda, a la luz de los resultados de dos hechos de enorme gravitación como fueron el Brexit en Gran Bretaña y el rechazo al Acuerdo de Paz en Colombia. No estoy acá para hacer una defensa o un ataque a este tipo de Democracia. Sólo me interesa que, en el plano de la consulta, el tema educativo está entre los primeros en varios estados federales norteamericanos. Parece que pueden hacerlo. Por eso elegí mostrarlo. Y sí, una buena para la Educación pero sobre todo para mí que me dio la posibilidad de escribir sin necesidad de plagiar al periodista Daniel Santa Cruz...
Entonces, en una brevísima y apretada síntesis intentaré dar cuenta de estas consultas estatales en este 2016. Arranquemos entonces...
En California, casi tres cuartas partes de los electores (73%) aprobó la Propuesta 58, que eliminó la prohibición de los programas bilingües de enseñanza en las escuelas públicas del estado.
Desde 1998 los estudiantes que están aprendiendo inglés en las escuelas de California reciben un año de instrucción intensiva de ese idioma antes de ser transferidos a clases donde sólo se enseña en dicha lengua. Esta propuesta permite a los padres elegir si quieren que sus hijos estudien en un programa bilingüe o pedir que les enseñen solo en inglés.
Esta iniciativa se sustentó en distintos estudios de la Universidad de Pennsylvania que indican que la educación bilingüe, cuando está bien diseñada e implementada, puede ser al menos igual de buena que los programas tradicionales en inglés.
Massachusetts, por su parte, fue escenario de otra contienda sobre política educativa muy reñida. La Pregunta 2 que autorizaba la creación de un máximo de 12 nuevas escuelas charter al año en el estado o la expansión de la matrícula en las ya existentes fue rechazada por casi dos terceras partes de los electores, 62%, a 38%.
Las escuelas charter son escuelas públicas que pueden recibir alumnos de un área más extensa que su propio distrito escolar y tienen más libertad de acción en cuanto a su funcionamiento administrativo y métodos de enseñanza. Los defensores aseguran que pueden ser más innovadoras y responder mejor a las necesidades de alumnos y familias que las escuelas públicas tradicionales. Massachusetts, que presume de uno de los mejores sistemas educativos de EE.UU, limita por ley la creación de escuelas charter en el estado -a un máximo de 120 escuelas (hay 80 en la actualidad)- y la cantidad de fondos públicos que se pueden asignar a tales escuelas. Los opositores a la expansión de la "charterización" alegaron que este tipo de escuelas les quita a las escuelas públicas tradicionales los recursos que necesitan para funcionar. Los mayores opositores a la Pregunta 2 fueron los sindicatos, sobre todo los de maestros, mientras que varias organizaciones comunitarias que abogan por la libre elección de escuelas apoyaron la iniciativa. Los opositores recaudaron por donaciones unos u$s 11 millones para combatir la propuesta y los que la apoyaban unos u$s 20 millones. El debate público, en que los medios de comunicación jugaron un papel fundamental, fue intenso y hoy tras la consulta, cada grupo sigue trabajando para convencer de las bondades de lo que propone más allá del resultado obtenido este último 8 de noviembre.
Por su parte en Georgia, los electores rechazaron 60% a 40% la Enmienda 1 a la Constitución estatal, que creaba el ‘Distrito de oportunidad escolar', un ente que se encargaría de administrar las escuelas con peor desempeño del estado, administrarlas junto con un distrito escolar, convertirlas en escuelas charter o cerrarlas. Opositores alegaron que se trataba de una medida para entregar escuelas públicas a empresas privadas. Lo llamativo aquí es que este estado fue ganado, tanto para presidente como el senador por los Republicanos quienes apoyaban abiertamente esta enmienda...
Otra propuesta aprobada por el 65% de los electores es la Medida 99 de Oregon, que aparta un máximo de 22 millones de dólares anuales provenientes de la lotería estatal para financiar el programa de ‘Escuelas al aire libre’, para que todos los estudiantes de escuela pública o privada, de entre 11 ó 12 años de edad, puedan pasar una semana acampando al aire libre y aprendiendo sobre la flora, fauna, recursos naturales, economía y conservación del estado.
En ese mismo estado se aprobó también la Medida 98, que exige al estado asignar unos 800 dólares al año por estudiante para la creación o expansión de programas contra la deserción escolar, educación vocacional o preparación para la universidad, también fue aprobada por el 65% de los votos contra 34%.
En el estado de South Dakota se aprobó, 50,5% a 49,5%, la Enmienda Constitucional R que faculta al poder legislativo estatal para la creación de un organismo específico que administre las escuelas técnicas terciarias del Estado. Antes las escuelas técnicas del estado estaban gobernadas por consejos escolares locales y la constitución de South Dakota no contenía el lenguaje que describiera a quién correspondía la responsabilidad concreta de la gestión de estas escuelas técnicas.
Otra serie de propuestas educativas en las boletas estatales tenían que ver con la emisión de deuda o aumentos de impuestos para financiar distintos aspectos de los sistemas educativos de cada estado.
En ese sentido California aprobó la Propuesta 55 por 62% a 38% para que las personas con ingresos anuales mayores de 250,000 dólares paguen más contribuciones sobre ingresos para reemplazar los fondos perdidos durante la recesión que eran destinados a la educación desde el "kinder" al último año del tramo obligatorio y a colegios comunitarios del estado del Oeste norteamericano.
También la Propuesta 51 (54% a 46% ) para autorizar al Gobierno a disponer de 7,000 millones de dólares en bonos públicos para modernizar y construir nuevas escuelas públicas y 2,000 millones para colegios comunitarios.
La educación también se vio beneficiada en la Issue 6 aprobada por 53%-47% en Arkansas que legaliza la marihuana medicinal, pues los impuestos derivados de su venta serán destinados a escuelas vocacionales, institutos técnicos y entrenamiento laboral de residentes en el estado.
En Nuevo México, los electores aprobaron por 63% a 37% la Bond Question C sobre emisión de bonos por un máximo de u$s 143 millones para inversión específica en una lista de instituciones públicas de educación superior, y en Rhode Island aprobaron la Pregunta 4 por 59% a 41% otra emisión de deuda por u$s 46 millones para invertirlos en la restauración y construcción de edificios de la Universidad de Rhode Island.
No todos los electores, sin embargo, aceptaron aumentarse los impuestos para financiar la educación.
En Oklahoma, en la Propuesta 779, el 59% de los electores se negó a aumentar el impuesto a las ventas en un 1% para invertir 615 millones de dólares en la educación superior, y en Alaska con la Medida 2 rechazaron emitir bonos para financiar programas de préstamos estudiantiles a bajo interés estaba perdiendo según los datos más recientes.
Los electores de Maine, por su parte, aprobaron la Pregunta 2, que autoriza un impuesto de 3% a los hogares con ingresos mayores a 200,000 dólares anuales para financiar la educación pública obligatoria.
En una propuesta que no tiene que ver con financiación de la educación, los votantes de Louisiana rechazaron con el 57% de los votos la Enmienda 2 a la Constitución estatal, que autorizaba a las juntas directivas de los sistemas de educación superior a establecer el monto de sus colegiaturas y otras cuotas sin tener que pedir autorización a la Legislatura estatal.
Bueno hasta aquí algunas de las preguntas y propuestas que circularon y respondieron los ciudadanos norteamericanos en los diferentes estados sobre cuestiones educativas. Interesante ver que el debate educativo compite localmente con la elección de autoridades y aprovechando ese momento la población se compromete y responde. En muchos de estos casos los debates llevaron años instalarse... En algunos, lo más interesante no es tanto el resultado sino el nivel de conciencia general alcanzado sobre los desafíos educativos que tienen como comunidad... En algunos estados ya se programaron consultas para años próximos y allí el debate ya está abierto. Ejemplos, Mississipi 2017 (sobre participación de escuelas privadas en torneos deportivos interescolares) o Maine 2018 (sobre aportes públicos a escuelas privadas religiosas). 
No sé a vos pero a mí, todo esto, me pareció algo muy interesante para "reorientar la lupa", para aprender de cómo otros resuelven sus desafíos educativos. Algunos de ellos muy parecidos a los nuestros...

viernes, 28 de octubre de 2016

A propósito de la decisión de "liberar" el uso del celular en las aulas...

Interesante debate se abre con la decisión de terminar con la prohibición y el uso "clandestino" deteléfonos celulares, tablets, notebooks y computadoras personales en las aulas de los colegios primarios y secundarios, públicos o privados, de la provincia de Buenos Aires.

Así lo decidió la Dirección General de Cultura y Educación al levantar la prohibición que existía sobre todos estos dispositivos tecnológicos. Con esta iniciativa y con el slogan "Traé tu propio dispositivo al aula", Alejandro Finocchiaro, el actual Director General, propone avancemos hacia una escuela más ajustada a los requerimientos del siglo XXI.

En este nuevo marco, el Estado provincial apuntará todos sus recursos a mejorar la conectividad de las escuelas. La derogación de la Resolución que había impuesto la ex Directora Adriana Puiggrós en el año 2006, propone "dejar a criterio de cada establecimiento escolar si habilita o no su utilización" promoviendo la llegada de los smartphones al aula pero con un elemento “innovador”: directivos y docentes de las escuelas pueden incluirlos para su uso pedagógico y no están obligados a hacerlo si no lo consideran conveniente. Para el desprevenido parece un tema menor pero devuelve a las instituciones la facultad para evaluar cuando y para qué su uso.

Seguramente y como estamos acostumbrados los argentinos, mal acostumbrados por cierto, ahora aparecerán en escena el “par ordenado” los que “están totalmente a favor” y los que “están totalmente en contra”. Las exageraciones ganarán terreno y muchos cuya “última incursión por una escuela fue en la entrega de su título secundario” (así dice un amigo) opinarán libremente como es bueno que ocurra en una Democracia. La verdad, personalmente, no me siento en ninguna de las dos puntas. Sin embargo creo que el sentido que se le quiere dar a esta decisión es muy promisorio. Más allá de la disrupción que provoca en la cotidianeidad de las escuelas y en muchos de nosotros que nacimos cuando todavía no existían estos aparatitos algo de autonomía de las escuelas no viene nada mal...

Y con esto le doy un punto y aparte. Prefiero dejar fluir el debate y que el verdadero aporte lo realicen aquellos que saben más sobre todo esto, aquellos que están en las escuelas, aquellos “legítimos usuarios”... Hasta aquí la mirada desde un punto de vista “casi” pedagógico...

Pero a ese “algo para aplaudir” podríamos agregarle otra dimensión que trae aparejado este cambio y que podríamos aprovechar a partir de ahora.

Durante estos últimos años, el Estado ha sido el encargado de la provisión de dispositivos para cada alumno: las populares netbooks. Los recursos públicos invertidos en estas compras han sido siderales. Son pocos los que hasta el momento han llamado la atención sobre el impacto real en los presupuestos públicos de los costos de estos planes aunque por suerte ya hay algunos que han empezado a poner la lupa sobre los verdaderos beneficios que han traído en el aprendizaje de nuestros pibes. De hecho, el Plan “Conectar Igualdad” desde la órbita nacional o el “Plan Sarmiento” en la Ciudad de Buenos Aires se han llevado una buena porción de los recursos educativos que podrían haber sido invertidos con otros fines dentro del mismo rubro Educación y que podrían haber implicado mayores beneficios. Digo más, aún hoy en los presupuestos para el próximo año 2017 como el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay presupuestados $1040 millones para la compra de netbooks según lo informado por la propia ministra en la última ronda de presentación de Presupuesto ante los legisladores locales, hace unos pocos días.

Imaginemos que no hace falta que el Estado provea las netbooks promoviendo el uso de dispositivos de los propios alumnos y focaliza su acción en la mejora del ancho de banda necesario para que cada escuela tenga una muy buena conexión a Internet. Imaginemos que las familias y los pibes responden a la iniciativa llevando su propio dispositivo a la escuela (en su gran mayoría seguramente serán los celulares “inteligentes” que hoy poseen) y los docentes tienen la facultad de decidir cuando utilizar esta tecnología cuando lo crean conveniente. Imaginemos ese momento. ¿Qué podríamos hacer con el dinero que ya no gastaremos en la compra de netbooks? Bien, los recursos que veníamos en ese gasto podríamos reorientarlo para impulsar mejoras en los actuales equipos de los mismos pibes. Pensaba, medio con rapidez, para ser mejor analizado por otros sin dudas, la apertura de líneas de crédito con largos plazos y a tasa subsidiada (¿porqué no tasa 0?) para que cada chico pudiese comprarse su propio smartphone. En este esquema el Estado tendría un recupero con cada cuota que devolviera el chico, el smartphone sería del pibe y seguramente la pérdida, rotura y obsolescencia bajaría del 25% anual que nos muestran las investigaciones y evaluaciones serias sobre los programas de incorporación de tecnología en el aula en diversos países del mundo. Uno de ellos al que siempre recurrimos para ejemplificar como el Plan Ceibal de Uruguay.

Pienso rápido y pido disculpas si me equivoco pero mientras leía la noticia en el diario me encontré con que desde otro Ministerio nacional, el de Telecomunicaciones están pensando en prorrogar el plazo del Plan Canje de celulares... ¿Mirá si pudiésemos sobreimprimir un Plan con otro?

martes, 25 de octubre de 2016

Comunidades de aprendizaje virtual... ¿Flashforward educativo?

Hace unos días, algunos de nosotros, leíamos esta nota de Mariano Narodowski en La Nación donde en un ejercicio de anticipación intenta plantear los ejes del posible debate educativo mundial en un futuro no muy lejano. Algunos podrán decir que lo escrito allí son "meras quimeras en un mundo que no sabemos si alguna vez sucederá"... Y sí, es posible... Pero también hay otra posibilidad. Muchos personajes en la historia de la humanidad desde Julio Verne o H.G. Wells hasta Isaac Asimov o Italo Calvino fueron vistos, en su tiempo con cierto recelo por pensar y describir con gran detalle "futuros posibles". En su tiempo fueron tomados como parte de la Literatura fantástica o de la Ciencia ficción y por eso es posible que nos llame la atención que desde las Ciencias de la Educación, alguien se anime a correr la densa línea de nuestra, por momentos, agobiante actualidad educativa, adelantando desafíos que deberíamos aprehender con mayor rigurosidad en el presente.

Y digo “presente” ya que en esa nota hay mucho más de presente que de futuro. Intentaré profundizar un punto en particular de Narodowski que por ahí se le pasó de largo al lector o fue tomado como otro de esos “flashforward” de la nota: las, en inglés, Communities of Online Learning o COOL. Pues, necesito avisarles que ya existen o por lo menos comienzan a existir en un país de Oceanía, hoy más conocido por el Haka y los All Blacks...

Anoten esta fecha: Martes 23 de agosto de 2016; y este posible título para la posteridad: "Primer día del futuro de la Educación". En ese día y sin previo aviso la Ministra de Educación de Nueva Zelanda, Hekia Parata, envió un proyecto de ley que, de ser aprobado, permitirá la creación de un sistema educativo digital alternativo y complementario al tradicional que todos conocemos. En este sistema los alumnos podrán dejar de ir a las “escuelas físicas” para aprender en Comunidades de Aprendizaje Virtual llamadas COOL por sus iniciales en inglés (sí! las mismas que nombra Narodowski en su texto).

Estas COOL serán organizaciones que podrán crearse tanto por el sector público como el privado. Cualquier grupo (una universidad, una empresa, una escuela, un grupo de padres, comunidades religiosas) podrá presentar al gobierno una propuesta de COOL. Tras un proceso de muy rigurosa aprobación, estas comunidades podrán operar brindando distintos tipos de ofertas: “escuelas” totalmente virtuales, modelos híbridos (mezclando lo presencial con lo digital) o crear componentes virtuales suplementarios para “escuelas físicas” ya existentes.

De esta manera el estado neozelandés aspira a liberar la creación de una multiplicidad de modelos educativos, que no requerirían de edificios físicos. Y la gran novedad: los alumnos podrían dejar de ir a “la escuela”, rompiendo con al menos 200 años de tradición desde que se crearon los sistemas educativos nacionales, basados en la escolarización y la asistencia obligatoria... ¿Cómo? ¿Pasar a una Educación obligatoria sin “escolarización obligatoria”? Sí, sí! Por ahí se dificulta la comprensión pero parece estar cada vez más cercano la posibilidad de implementación...

La disruptiva medida como era de esperar desató un intenso debate en Nueva Zelanda con niveles de polémica tal como podría darse por estas latitudes. Estuvieron las voces críticas que indicaron que este camino conduce a la “deshumanización de la enseñanza y a la pérdida de una versión holística del aprendizaje que abarca la socialización entre pares”. También se hicieron presentes (no podían faltar) los sindicatos de maestros que sumaron críticas referidas a la “posible precarización laboral docente y a la privatización como caballo de troya de la reforma”.

Sin embargo, hay que decir que el modelo digital no es una completa novedad en Nueva Zelanda. La amplia diversidad de su territorio albergó un histórico sistema de “escuelas por correspondencia”, llamado Te Kura, cuyo objetivo fue y es apoyar el aprendizaje de materias que no tuviesen profesores en parajes lejanos.

Pero las COOL son algo muy distinto. Esta creación supone un nuevo universo educativo. Pueden ser definidas como una mezcla de escuelas “charter”, por su carácter privado aprobado por el Estado, con una diversidad de ecosistemas pedagógicos digitales imprevisible.

Por otra parte las COOL formarán parte de una red de operadores virtuales de servicios educativos. El gobierno propone regular y articular sus servicios a través de la Red de Comunidad de Aprendizaje Virtual, conocido como Virtual Learning Network Community (VLNC). Muchos recursos serán compartidos, en una mezcla de ecosistemas que tienen partes públicas y privadas y otras partes compartidas en grandes conglomerados de circuitos educativos que se potenciarán por la cantidad de interacciones de sus usuarios.

Una punta de iceberg de esta nueva dinámica puede verse en la actual red NetNZ. Las escuelas que pertenecen a esta red, hoy en funcionamiento, crean cursos digitales que generan créditos de cursada. Los cursos típicos están compuestos por 10 a 15 alumnos de 5 a 10 escuelas, creando una variedad de interacciones entre alumnos de distintos contextos que a su vez forman grupos presenciales en su propia escuela, como representantes de esos cursos. Usando videos, comunidades virtuales y trabajos por proyectos, se crean novedosos entornos de aprendizaje que vuelcan la dimensión digital en las escuelas físicas.

Algo para resaltar: el ejemplo de la red NetNZ muestra lo opuesto a una de las primeras críticas de la propuesta neozelandeza: lo digital no es necesariamente lo opuesto a lo presencial. Podría serlo, podría haber amenazas deshumanizantes, ppdría haber un crítico paso hacia el aislamiento de los alumnos en sus propios hogares. Pero también puede ser un camino hacia la reconexión de las escuelas, la creación de un nuevo “paisaje educativo” donde se refuerza lo local por vía de lo global.

Queda claro que de esta manera Nueva Zelanda está a punto de convertirse en el mayor laboratorio educativo del mundo. Si las COOL avanzan serán experimentos de nuevos trayectos, circuitos, alianzas y arquitecturas del conocimiento. Mostrarán rumbos nunca vistos de interacciones entre docentes, escuelas, familias, proveedores, creadores de contenidos y alumnos.

La asistencia a clase no será la norma. El colegio y el hogar estarán más conectados que nunca. Padres y alumnos verán las clases vía ‘streaming’. El calendario podrá ser personalizado; el horario, flexible, y se adaptará a los diferentes grupos en los que trabajen nuestros alumnos, grupos en los que se mezclen las edades y se trabaje en forma colaborativa en proyectos. Así que podríamos empezar a olvidarnos de la rutina diaria, del madrugón de lunes a viernes, del “día de clase” dividido en “horas” de 40/50 minutos. De Matemática en la segunda del lunes y la cuarta del viernes. Historia en la cuarta del Martes y Música en la sexta del jueves. De que el primer recreo dura 10 minutos y el segundo 15… Podríamos empezar a olvidarnos del tiempo lineal y homogéneo... Empezar a acostumbrarnos a la posibilidad de un aprendizaje 24x7, en algún momento de las 24 horas del día, los 7 días de la semana donde lo que llamamos “clases” duran lo que duran las reuniones de trabajo del grupo.


Nueva Zelanda nos muestra que podría estar dándose un salto cualitativo en la Educación. Sería bueno poner un ojo sobre lo que allí ocurre y ocurrirá. No estaría mal que achiquemos la brecha que nos separa de los ejes del debate sobre la Educación que están dándose planetariamente, abandonando las “recetas mágicas” que se plantearon como solución hace un par de décadas y que varios ya están poniendo en duda. “Recetas” que algunos plantean como “soluciones novedosas” en el debate educativo local argentino... No estaría mal...