Una "nueva laicidad" no es "todas las religiones en la escuela"...

El Ministro de Educación, Esteban Bullrich acaba de hacer una temeraria declaración que reincorpora, una vez más, la recurrente polémica de la educación religiosa en la escuela pública.
Desde la defectuosa y parcial lectura durante décadas de la Ley 1420 hasta el presente, en Argentina este tema muchas veces ha sido muy mal tratado y ha generado periódicos y conflictivos debates; debates que propongo ver desde otro perspectiva abandonando imprudentes y desinformadas propuestas...
En las últimas décadas en diferentes ámbitos académicos, el tema ha sido nuevamente abordado con mayor rigurosidad que una simple consigna, más cercana al marketing que a los desafíos que nos proponen los nuevos paradigmas educativos del sXXI. Una de las personas que mejor sintetizó la propuesta a la que personalmente adscribo es Elisa Carrió que, en un documento del año 2006 llamado "La educación como política central del porvenir", plantea un debate alrededor de esta cuestión, proponiendo acercar con lógica humana, la profundidad de los saberes y las narrativas de las sabidurías proporcionadas por las religiones tanto de Oriente como Occidente. Es por ello que, siendo tan clara la exposición, les propongo leer y analizar sin prejuicios, el apartado de ese documento en el que trata el tema en cuestión.
Espero que sea de interés y que sirva como aporte para un debate en el que necesitamos abandonar, sí o sí, tanto el slogan como la disputa política coyuntural. No me cabe dudas de que generará polémica, pero una polémica sobre premisas fundadas en el conocimiento, algo que necesitamos en forma urgente los argentinos...


Una nueva laicidad. El diálogo interreligioso. Un no rotundo a cualquier forma de adoctrinamiento
(Elisa Carrió - "La educación como política central del porvenir" - Capítulo 3.4)

La vieja educación religiosa del siglo XIX, cerrada y oligárquica, confrontó con una educación laica y moderna perdiendo la batalla, pero ésta última como principio de la Escuela pública, fue lenta y calladamente siendo dominada por la nueva religión del saber científico tecnológico, para ponerse al servicio -con la nueva Ley Federal de Educación- del productivismo tecnológico transnacional.

¿Qué perdieron ambas? Ninguna de las dos escuelas pudo enseñar desde un lugar de libertad, abierto, pluralista, todas las tradiciones, saberes y creencias. Perdió el sujeto, la Escuela y la humanidad.

Lo que perdió el sujeto con ese debate necesario es la posibilidad de encontrar y conocer la profundidad del saber de la sabiduría espiritual a lo largo de Oriente y Occidente. No como adoctrinamiento, sino como un saber que era presupuesto para un ejercicio amplio y pluralista de su propia libertad.

La nueva laicidad que propongo es esta: una que ponga en manos del sujeto, rompiendo la jerarquía de saberes, los viejos saberes, las viejas historias, así como las narrativas y los mitos de la humanidad.

La Escuela debe ser el ámbito de una nueva narrativa y el alumno tiene derecho a saber la tradición de Confucio, del Budismo, la tradición del pueblo judío, la del cristiano, la del Islam, porque, empezar a entender estas tradiciones rompe el prejuicio con el otro como extraño para hacerlo próximo.

Si los héroes del mundo que viene sólo son los que ganaron batallas o dominaron, la humanidad no tiene salida.

Propongo un salto que, superando las legítimas disputas del pasado, miren las religiones no como creencias para el adoctrinamiento sino como sabidurías de mitos y narraciones que puedan hacernos comprender la historia y el porvenir. Es ir más allá de la modernidad, que puso a una narración mítica como la única verdadera: la basada en el utilitarismo, el individualismo y el saber científico tecnológico.

Creemos que la opción por una nueva educación laica que incluye los saberes provenientes de las grandes religiones se presenta como:

a) Diferente al liberalismo progresista de fines del siglo XIX que postulaba la completa exclusión de lo divino y lo sagrado del ámbito público y educativo escolar colocando esos saberes en el ámbito de lo privado y familiar.

b) Diferente del antilaicismo tradicional o neoliberal de fines del siglo XX que postula la inclusión de lo sagrado, el adoctrinamiento en una religión determinada en el ámbito público escolar fundado en el carácter histórico, constitucional o mayoritario de la Iglesia, o bien, en el derecho de los padres.

En palabras de Touraine, “...Así pues, la Escuela no debe poner al niño al servicio de la sociedad y tampoco debe ser un mero lugar de aprendizaje, debe ser, por el contrario, un lugar de formación de actores sociales, y más profundamente todavía, de sujetos personales. La Escuela no debe rechazar al dominio de la vida privada la religión, la sexualidad, los compromisos políticos, las tradiciones culturales...”

Del mismo modo que el integrismo profundamente autoritario excluyó parte de la filosofía y la ciencia, como por ejemplo a Karl Marx, constituye un acto de autoritarismo aquello que, en nombre de su propia concepción, excluyen la enseñanza de lo sagrado como tradición histórica. La historia es completa y nos pertenece a todos y nadie puede ser excluido de ese saber en función de las creencias del sujeto que ejerce el poder.

“Si se define el laicismo por su silencio sobre los pensamientos religiosos o morales, el dominio de la moral republicana se restringe mucho, se limita a ser soportable la cohabitación de individuos y grupos con prácticas y creencias diferentes. La libertad de conciencia se degrada entonces en pura tolerancia. Es necesario, por el contrario introducir el tema más fuerte de los derechos culturales. Estos no son respetados allí donde domina una ideología o religión de Estado, pero están muy restringidos allí donde la sociedad se considera la fuente del bien y del mal e impone una moral y un pensamiento republicano. De ahí, la asombrosa ignorancia de la historia y las creencias de las religiones en que son mantenidos los alumnos de muchos países, incluso de la religión que domina entre ellos...”, sostiene Touraine.



Touraine, Alain. Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy. Buenos Aires
Editorial Paidós, 2006.

Comentarios

  1. Cómo no estar de acuerdo!!! Es ampliar los horizontes del conocimiento, abrir las puertas a un mundo de saberes diferentes, de otras culturas que no pueden más que alimentarnos para crecer positivamente en un colectivo positivo de inclusión del otro, no ya como un "extranjero", sino como un igual. Lo que hay que evitar es la enseñanza de las creencias como práctica activa de una religión.

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  2. Cómo no estar de acuerdo!!! Es ampliar los horizontes del conocimiento, abrir las puertas a un mundo de saberes diferentes, de otras culturas que no pueden más que alimentarnos para crecer positivamente en un colectivo positivo de inclusión del otro, no ya como un "extranjero", sino como un igual. Lo que hay que evitar es la enseñanza de las creencias como práctica activa de una religión.

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  3. No puedo creer que CREER pueda limitarse al poder sustantivo, egocéntrico y obsoleto de quiénes suponen saber que debemos saber, aprender, desaprender, etc.
    Adultos que adultecen, incapaces de un mínimo grado de conciencia para quiénes para su evolución, despliegue y desarrollo, deben ya en estos tiempos, estar en contacto con todos los caminos de la religiosidad. Religar es unir, acercar.
    Establecer un credo o creencia o manera como "la mejor" es en sí mismo un acto de dividir, desunir y adoctrinar.

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  4. No sé si nos toman el pelo o de los pelos. Siento que la subestimación es tremenda y también siento como si nos arrastrarán hacia una sola mirada. Porque no enseñar el arco iris completo para que después la elección de color o colores sea en libertad?!?!
    Eso.
    Fin
    Un abrazo

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