Un par de ideas (sueltas) sobre el informe del operativo APRENDER 2016

Como primer elemento y aunque parezca una curiosidad (por cierto dolorosa), es muy interesante ver la existencia de algunas continuidades entre el anterior gobierno nacional y el anterior gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y actual gobierno nacional. Son varios los años en que ambas gestiones no han dado a conocer los resultados de los operativos de evaluación sobre logros de aprendizajes. En Ciudad de Buenos Aires, los operativos anuales que realiza desde hace más de dos décadas, FEPBA 2014 y 2015 (7° grado de primaria) y FESBA 2014 y 2015 (5° y 6° año del secundario), en Nación el operativo nacional de evaluación ONE 2013. En ambos casos no tienen publicación oficial alguna de sus resultados en ninguno de los sitios web de sendos ministerios.
Ahora parece estar cambiando. Pero hay que decirlo, sólo en parte. En principio, el operativo Aprender 2016 empieza a publicar resultados y ya tenemos acceso al primero de sus informes. Pero para ser justos, es inevitable marcar un faltante que deberá ser resuelto en breve: desde el año 2007 los operativos nacionales de evaluación han negado la posibilidad de publicar los resultados desagregados por provincia. Hasta hoy, en este primer informe de Aprender 2016, ocurre algo similar. Cambiar esta política de “secreto estadístico” que había implementado el anterior gobierno kirchnerista, excediéndose en los alcances de la Ley N° 17.622 y de su decreto reglamentario. Esperemos que los simples ciudadanos no necesitemos de una solicitud de acceso a la información pública tal como realizó la Asociación Civil Ciudadanos Libres por la Calidad Institucional para obtener por esta vía, la información solicitada. Hasta ahora no fue publicada en el sitio oficial del Ministerio de Educación y no parece ser decisión del ministerio "hacerla pública por ahora", tal como planteó en algún reportaje la Secretaria de Evaluación Educativa, Profesora Elena Duro.
Pese a esta continuidad, es necesario celebrar el cambio y animarse a comenzar con el análisis de los datos. Una primera y “provisoria conclusión”: recorriendo todo este primer informe  parece que el nivel socioeconómico y cultural de los alumnos sigue siendo una determinante de los logros de aprendizaje. Para pasarlo en limpio: la pobreza es condicionante de lo que aprende o no un chico/joven en una escuela. 
Pero no es nueva esta relación en el ámbito de la investigación. Desde el estudio de James Coleman en 1966, sobre la “Igualdad de Oportunidades para la Educación” (en algún momento debo escribir algo sobre este histórico y polémico estudio), el nivel socioeconómico y cultural se ha visto como un fuerte predictor de rendimiento de los escolares. Coleman afirmaba provocativamente que la influencia del "background" de los estudiantes es mayor que todo lo que suceda dentro de las escuelas. “[…] Las evidencias demuestran que el entorno social/familiar es de gran importancia, y esto no disminuye con relación a los años que (un niño) acuda a la escuela”. Es cierto que seis años después, el propio Coleman reinterpretó sus datos usando procedimientos de “regresión”(1) y llegó a la conclusión de que "el informe original sobrestimó la influencia del entorno de los alumnos debido a que no habían sido examinadas las características particulares de las escuelas". Sin embargo, esta conclusión sobre una relación positiva entre el estatus socioeconómico y cultural familiar a la que se llegara en los '60 se ha mantenido desde entonces en una profusa investigación desarrollada posteriormente y continúa reafirmándose en los más recientes trabajos. Desde de autores como White en 1982 o Sirin en 2005 hasta los más conocidos Bourdieu y Passeron a fines de la década de los noventa, culminando entre otros muchos trabajos, en los análisis de los resultados de las evaluaciones PISA 2009 y 2012 que, aunque asegura que un bajo rendimiento no es consecuencia automática de un bajo estatus socioeconómico, afirma que este factor tiene una importancia vital en el rendimiento escolar.
Por otra parte, la influencia del tipo de gestión de las escuelas (estatal o privada) en los resultados de las evaluaciones ha sido un tema importante en el campo educativo que ha generado un sinfín de trabajos de investigación en los últimos 40 años. Esos trabajos sugieren razones de peso para desconfiar de afirmaciones de "fracaso general de la escuela pública". No me voy a repetir. Por eso y para este punto en particular, preferí extractar un segmento de la excelente nota de Luciana Vázquez, en el diario La Nación del miércoles 22 de marzo de este año: “(...) Por un lado, más allá de las comparaciones, el porcentaje de chicos que no aprende, como vimos, es muy alto también en la escuela privada: ese sistema también tiene problemas a la hora de garantizar lo que sucede en sus aulas. Y por otro lado, y es central, el informe no deja claro en ese punto si se llega a esos resultados luego de aislar la influencia del factor socieconómico. Cuando este nivel no se aísla estadísticamente, la escuela privada, con alumnos de mayor capital sociocultural, suele rendir mejor como efecto de ese capital y no como resultado de mejores procesos pedagógicos. Y, al revés, una escuela estatal puede estar haciendo muy bien su trabajo pedagógico, pero, en general, sus resultados serán peores en la medida en que sus alumnos llegan peor surtidos de capital cultural. Sólo controlando la variable socioeconómica es posible concluir cuál es el efecto diferencial que una escuela, privada o pública, les aporta a sus alumnos no importa de qué condición económica sean”. Al momento del cierre de esta nota y contando con esta primera publicación del Ministerio, se observa que la comparación de resultados según tipo de gestión y nivel socioeconómico deja en claro que “al analizar los niveles de desempeño alcanzados se observa una reducción de la brecha entre tipos de gestión con resultados levemente inferiores para el sector público”

Una vez más el impacto de la pobreza parece ser central en los resultados educativos, sin negar que la Educación sea primordial en la pelea por terminar con ella. No quiero extenderme más en esto. Creo que a esta altura ha quedado claro mi intención en estos párrafos. Por eso preferí cerrar con palabras de Eduardo Levy Yeyati: “Reducir la pobreza en sentido amplio, además de la universalización de asignaciones y jubilaciones, exige reformas en la salud y la educación públicas, inversiones en infraestructura. Y mejoras en el hábitat, ese rubro huérfano de la política pública del que nadie suele hacerse cargo: cloacas, iluminación, seguridad, agua potable, son algunos de los rubros esenciales para eliminar la verdadera pobreza” (La Nación, 7 de abril de 2016)
No hay mucho más para agregar... 
Prefiero quedarme con las palabras de Eduardo...
Sin Educación será muy difícil. Con Educación sola, no alcanza...


Para los que quieran acceder al Primer informe de resultados


(1) Una regresión es un procedimiento de análisis de un solo paso que estima el efecto neto de cada variable mientras se controlan los efectos de las otras variables.

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