Comunidades de aprendizaje virtual... ¿Flashforward educativo?

Hace unos días, algunos de nosotros, leíamos esta nota de Mariano Narodowski en La Nación donde en un ejercicio de anticipación intenta plantear los ejes del posible debate educativo mundial en un futuro no muy lejano. Algunos podrán decir que lo escrito allí son "meras quimeras en un mundo que no sabemos si alguna vez sucederá"... Y sí, es posible... Pero también hay otra posibilidad. Muchos personajes en la historia de la humanidad desde Julio Verne o H.G. Wells hasta Isaac Asimov o Italo Calvino fueron vistos, en su tiempo con cierto recelo por pensar y describir con gran detalle "futuros posibles". En su tiempo fueron tomados como parte de la Literatura fantástica o de la Ciencia ficción y por eso es posible que nos llame la atención que desde las Ciencias de la Educación, alguien se anime a correr la densa línea de nuestra, por momentos, agobiante actualidad educativa, adelantando desafíos que deberíamos aprehender con mayor rigurosidad en el presente.

Y digo “presente” ya que en esa nota hay mucho más de presente que de futuro. Intentaré profundizar un punto en particular de Narodowski que por ahí se le pasó de largo al lector o fue tomado como otro de esos “flashforward” de la nota: las, en inglés, Communities of Online Learning o COOL. Pues, necesito avisarles que ya existen o por lo menos comienzan a existir en un país de Oceanía, hoy más conocido por el Haka y los All Blacks...

Anoten esta fecha: Martes 23 de agosto de 2016; y este posible título para la posteridad: "Primer día del futuro de la Educación". En ese día y sin previo aviso la Ministra de Educación de Nueva Zelanda, Hekia Parata, envió un proyecto de ley que, de ser aprobado, permitirá la creación de un sistema educativo digital alternativo y complementario al tradicional que todos conocemos. En este sistema los alumnos podrán dejar de ir a las “escuelas físicas” para aprender en Comunidades de Aprendizaje Virtual llamadas COOL por sus iniciales en inglés (sí! las mismas que nombra Narodowski en su texto).

Estas COOL serán organizaciones que podrán crearse tanto por el sector público como el privado. Cualquier grupo (una universidad, una empresa, una escuela, un grupo de padres, comunidades religiosas) podrá presentar al gobierno una propuesta de COOL. Tras un proceso de muy rigurosa aprobación, estas comunidades podrán operar brindando distintos tipos de ofertas: “escuelas” totalmente virtuales, modelos híbridos (mezclando lo presencial con lo digital) o crear componentes virtuales suplementarios para “escuelas físicas” ya existentes.

De esta manera el estado neozelandés aspira a liberar la creación de una multiplicidad de modelos educativos, que no requerirían de edificios físicos. Y la gran novedad: los alumnos podrían dejar de ir a “la escuela”, rompiendo con al menos 200 años de tradición desde que se crearon los sistemas educativos nacionales, basados en la escolarización y la asistencia obligatoria... ¿Cómo? ¿Pasar a una Educación obligatoria sin “escolarización obligatoria”? Sí, sí! Por ahí se dificulta la comprensión pero parece estar cada vez más cercano la posibilidad de implementación...

La disruptiva medida como era de esperar desató un intenso debate en Nueva Zelanda con niveles de polémica tal como podría darse por estas latitudes. Estuvieron las voces críticas que indicaron que este camino conduce a la “deshumanización de la enseñanza y a la pérdida de una versión holística del aprendizaje que abarca la socialización entre pares”. También se hicieron presentes (no podían faltar) los sindicatos de maestros que sumaron críticas referidas a la “posible precarización laboral docente y a la privatización como caballo de troya de la reforma”.

Sin embargo, hay que decir que el modelo digital no es una completa novedad en Nueva Zelanda. La amplia diversidad de su territorio albergó un histórico sistema de “escuelas por correspondencia”, llamado Te Kura, cuyo objetivo fue y es apoyar el aprendizaje de materias que no tuviesen profesores en parajes lejanos.

Pero las COOL son algo muy distinto. Esta creación supone un nuevo universo educativo. Pueden ser definidas como una mezcla de escuelas “charter”, por su carácter privado aprobado por el Estado, con una diversidad de ecosistemas pedagógicos digitales imprevisible.

Por otra parte las COOL formarán parte de una red de operadores virtuales de servicios educativos. El gobierno propone regular y articular sus servicios a través de la Red de Comunidad de Aprendizaje Virtual, conocido como Virtual Learning Network Community (VLNC). Muchos recursos serán compartidos, en una mezcla de ecosistemas que tienen partes públicas y privadas y otras partes compartidas en grandes conglomerados de circuitos educativos que se potenciarán por la cantidad de interacciones de sus usuarios.

Una punta de iceberg de esta nueva dinámica puede verse en la actual red NetNZ. Las escuelas que pertenecen a esta red, hoy en funcionamiento, crean cursos digitales que generan créditos de cursada. Los cursos típicos están compuestos por 10 a 15 alumnos de 5 a 10 escuelas, creando una variedad de interacciones entre alumnos de distintos contextos que a su vez forman grupos presenciales en su propia escuela, como representantes de esos cursos. Usando videos, comunidades virtuales y trabajos por proyectos, se crean novedosos entornos de aprendizaje que vuelcan la dimensión digital en las escuelas físicas.

Algo para resaltar: el ejemplo de la red NetNZ muestra lo opuesto a una de las primeras críticas de la propuesta neozelandeza: lo digital no es necesariamente lo opuesto a lo presencial. Podría serlo, podría haber amenazas deshumanizantes, ppdría haber un crítico paso hacia el aislamiento de los alumnos en sus propios hogares. Pero también puede ser un camino hacia la reconexión de las escuelas, la creación de un nuevo “paisaje educativo” donde se refuerza lo local por vía de lo global.

Queda claro que de esta manera Nueva Zelanda está a punto de convertirse en el mayor laboratorio educativo del mundo. Si las COOL avanzan serán experimentos de nuevos trayectos, circuitos, alianzas y arquitecturas del conocimiento. Mostrarán rumbos nunca vistos de interacciones entre docentes, escuelas, familias, proveedores, creadores de contenidos y alumnos.

La asistencia a clase no será la norma. El colegio y el hogar estarán más conectados que nunca. Padres y alumnos verán las clases vía ‘streaming’. El calendario podrá ser personalizado; el horario, flexible, y se adaptará a los diferentes grupos en los que trabajen nuestros alumnos, grupos en los que se mezclen las edades y se trabaje en forma colaborativa en proyectos. Así que podríamos empezar a olvidarnos de la rutina diaria, del madrugón de lunes a viernes, del “día de clase” dividido en “horas” de 40/50 minutos. De Matemática en la segunda del lunes y la cuarta del viernes. Historia en la cuarta del Martes y Música en la sexta del jueves. De que el primer recreo dura 10 minutos y el segundo 15… Podríamos empezar a olvidarnos del tiempo lineal y homogéneo... Empezar a acostumbrarnos a la posibilidad de un aprendizaje 24x7, en algún momento de las 24 horas del día, los 7 días de la semana donde lo que llamamos “clases” duran lo que duran las reuniones de trabajo del grupo.


Nueva Zelanda nos muestra que podría estar dándose un salto cualitativo en la Educación. Sería bueno poner un ojo sobre lo que allí ocurre y ocurrirá. No estaría mal que achiquemos la brecha que nos separa de los ejes del debate sobre la Educación que están dándose planetariamente, abandonando las “recetas mágicas” que se plantearon como solución hace un par de décadas y que varios ya están poniendo en duda. “Recetas” que algunos plantean como “soluciones novedosas” en el debate educativo local argentino... No estaría mal...

Comentarios

  1. Sin dudas, hacia ese universo vamos.
    La institución escuela, tal como existe hoy, no podrá continuar. Tendrá que adecuarse a la nueva realidad y serán otros sus desafíos y propósitos. Principalmente, el aspecto de la socialización del alumno deberá ser atendido, pues de él no será relevada. Y no es una cuestión menor en absoluto.
    El proceso de aprendizaje requiere de instancias «sociales»: expresar, exponer, defender, compartir, etc., son momentos fundamentales para las habilidades comunicativas, por dar un ejemplo.
    Tampoco es de desdeñar, el aspecto «cívico», la participación.el compromiso, la pertenencia, las normas de convivencia...
    Se abre un abanico de interrogantes, desafíos, problemáticas... Que hacen (ahora como siempre) fascinante la labor docente, la inagotable aventura de enseñar..!

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