No hay mucho tiempo para cambiar...

Lo tenía escrito desde hace rato. Es parte de uno de los documentos presentados al precandidato a Presidente de la Nación por la Unión Cívica Radical, Ernesto Sanz. Esta nota de Mariano Narodowski me dió ímpetu para publicarla en mi blog...
Ahí va...


Una sociedad democrática es una sociedad de aprendizajes compartidos. La Educación es un compromiso social que se reanuda con cada nueva generación. Como no se pide permiso para vivir, tampoco se pide permiso para educar y educarse. Educar es ofrecer saberes: saberes para entender, para hacer, para crear, para inventar, para trabajar, para soñar, para vivir con “el otro” en paz, saberes para poder pensar y accionar sobre nosotros y el mundo a partir de principios éticos y criterios morales.

En estos tiempos en que abundan las angustias, los desencantos y las incertezas un discurso sobre la Educación debe ser ante todo un acto de restitución de esperanza. El conocer no es sólo la representación de lo que una cosa es en su estricta objetividad. También es el descubrimiento de valor y de sentido. Conocer es penetrar en la realidad a través de sus apariencias, descubrir la verdad, distinguirla del error, aceptar la evidencia y tolerar la incertidumbre, discernir el Bien del Mal.
Nuestro futuro nos obliga a dejar de lado todo tratamiento simplista de la Educación. No hay mucho espacio para la equivocación. Nuestro país todavía posee un cada vez menor caudal de energías sociales y culturales en torno a lo educativo. Empiezan a menguar. Hoy son muchos menos los que como hace 3 o 4 décadas confiaban en la Educación como una de las herramientas privilegiadas para la mejora de su propia condición social y su calidad de vida. Son fuerzas que enflaquecen día a día pero es imperativo aprovecharlas. Y aprovecharlas ya… Todavía existen sectores medios y bajos de nuestra sociedad en esta situación. Es posible que algunos lo vislumbremos sólo como una salida individual, una forma de “salvar” su propia prole. Sin embargo, genera todavía una demanda, es cierto, cada vez más menguada, cada vez más baja, por más y mejor Educación. Es deber de la dirigencia canalizar esta fuerza social, reencauzarla, conducir este imprescindible proceso de llenar un vacío de sentido que tiene hoy la Educación y que precisa ser enfrentado para encontrar nuevos sentidos, que reconozcan los universos individual y colectivo, el escenario mundial, el vértigo en la producción y distribución del conocimiento, los avances de la ciencia y la tecnología, la diversidad cultura, reencontrándose con su misión esencial, su significado, en el mundo de hoy, un mundo ya de futuro.
Pero, ¿cómo habría que hacer? En principio, necesitamos no encorsetar el debate sólo en las herramientas a utilizar. Necesitamos una dirigencia que pueda separarse por un momento, sólo por un momento de temas urgentes y necesarios como los recursos, las infraestructuras y la gestión, para intentar un vuelo trascendente y profundo a la vez. Un vuelo que recupere perspectivas integrales y permita más certeros aterrizajes. Necesitamos diseñar y poner en práctica políticas públicas que fijen un nuevo contrato educativo entre la Sociedad y el Estado, que busquen articular las demandas y el impulso de la participación comunitaria para alcanzar logros educativos, definir objetivos alcanzables en el corto, mediano y largo plazo. Y porqué no también, que promuevan la creación y el sostenimiento de propuestas educativas de calidad que la propia sociedad construya… El verdadero reto, por lo tanto, radica en estrechar vínculos hasta formar un todo, entre Estado, comunidad educativa y fuerzas sociales. Estamos bastante lejos de todo esto pero podemos acercarnos. Falta mucho todavía. Pero el tiempo es ahora. En unos pocos años puede que sea muy tarde...

Comentarios

  1. Muy buena nota. En este momento de mi vida, con mis hijos en edad de escolarización primaria, me enfrento con el dilema de la "escuela". A medida que voy conociendo el entorno, me doy cuenta de que la discusión no pasa por público o privado sino por la educación en sí misma. No todos los maestros están preparados para todo tipo de alumnos, para el avance de la tecnología, de los cambios en la composición familiar, para el manejo de la información que los niños reciben de los medios de comunicación, de internet, de las redes sociales, de los políticos. La sociedad ha cambiado y los programas educativos no están a la altura de las circunstancias. Qué es el 9 de julio, preguntó mi hijo esta semana. Sexto grado. Complicado, no? No es la tabla del 8. Ni una regla ortográfica. Mi hijo tiene excelentes calificaciones, sin embargo esa pregunta lo descalifica. O descalifica al sistema educativo. No sabe hacer resúmenes de un libro de texto. Tiene errores de ortografía y la maestra sigue diciendo que la ortografía es una composición mental que ellos tienen que hacer. Qué es el 9 de julio? Tenemos mucho por hacer si queremos dejarle otro país a nuestros nietos.

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