Escuela y mundial. El debate eterno


Una vez más como cada cuatro años nos sumergimos en el debate de qué debe hacerse en el ámbito educativo frente a un hecho de trascendencia global como es el Mundial de Fútbol.
Como ocurre recurrentemente medios de comunicación, educadores y ciudadanos preocupados por la Educación “regurgitamos” pocos días antes del inicio del evento deportivo las posturas sobre el caso que cada uno cree conveniente explicitar.
Otro país, otras selecciones de otros países, otros jugadores, otros técnicos, similares propuestas...
Como siempre, pareciera no haber acuerdo total, algo común por estas tierras frente a sucesos de tipo social. La verdad que no está del todo mal, mientras se mantenga en el ámbito del debate y demos rienda suelta a la creatividad de nuestras escuelas, nuestros docentes y nuestros alumnos para generar propuestas relevantes educativas, aún pareciendo que mucho no avanzamos…
Charlando sobre el tema con el amigo Osvaldo Perez Sanmartino, un reconocido abogado constitucionalista, me surgió la idea de meterme en la discusión, pero desde otro lugar: más allá de lo que les propondré desde el texto que les dejo de Osvaldo, la propuesta es “planear por encima” del debate para encontrar algunas líneas comunes y otras no tan comunes sobre lo que se discute desde que los mundiales de fútbol se convirtieron en un hecho global, producto seguramente también de la revolución en las comunicaciones…
Así y todo, tengo un par de cosas propias para decir en relación a dicho debate eternamente inconcluso.
Lo primero es que existe cierta sobreactuación de las gestiones políticas en Educación cada vez que ocurre un mundial para delinear justificativos en torno a que los partidos del mundial sean vistos en horas destinadas a clase. Hasta algunos como cuenta Osvaldo en el Mundial 2006 propusieron estrategias centralizadas desde un Ministerio para el abordaje didáctico del acontecimiento. (mientras escribo esto recuerdo lo placentero que era mirar los partidos de la Copa Davis, con Guillermo Vilas y Ricardo Cano, cuando estaba en séptimo grado, en la Dirección en compañia del director de la escuela primaria).
Lo segundo, casi como derivación del primero: lo bueno de los mundiales de fútbol u otros eventos deportivos como este es que los que gestionan la política educativa “redescubren”, “proponen”, “autorizan” cada 4 años lo que los docentes vienen haciendo en las aulas desde hace mucho tiempo… Recuerdo el mundial 1978, momento que cursaba mi segundo año del secundario haber trabajado temas “alrededor” de los países participantes en asignaturas como Historia, Geografía u otras. Durante mi época de docente frente a grado no se escapó nunca esa posibilidad tanto en los mundiales de México 86, Italia 90, USA 94 o Francia 98… Mis dos hijas mayores, nada amantes del fútbol por cierto, también fueron “acercadas” por la escuela a partir de Corea-Japón 2002 hasta la fecha… Por lo que no veo nada de novedoso en lo que algunas gestiones se plantean en este momento…
Ahora sí les dejo, el texto del Dr. Perez Sammartino, uno de esos “ciudadanos preocupados” preocupados por la Educación, para que podamos explorar otro punto de vista… Nótese que le he “pedido prestado” parte del título de su nota publicada originariamente en el año 2006 en el periódico barrial "El fantasma de Recoleta", a propósito del Mundial disputado ese año en Alemania…

ESCUELA Y MUNDIAL

Puestos a justificar la necesidad de que los chicos vean en las escuelas los partidos de la Argentina en el mundial, los funcionarios del Ministerio de Educación han desarrollado casi un plan de estudios paralelo. Geografía, historia, literatura, instrucción cívica, entre otras materias, tendrán como eje esos acontecimientos futbolísticos.

Así, por ejemplo, la directora del Programa Escuelas y Medios de ese ministerio se pregunta "cómo enseñarles a los alumnos a leer y comprender la realidad social si excluimos de ella aspectos que la conforman", y en base a eso propone una serie de actividades, tales como imaginar "una campaña sobre la tolerancia y la diversidad cultural a partir de los países que participan en el Mundial" (La Nación, 26/3/06, p. 22).

Lo que no aclara esta funcionaria es si esas tareas se harán durante la transmisión de los partidos o en el tiempo "extrafutbolístico" de que dispongan las escuelas. Si yo fuera alumno, le rogaría a mi maestra que mientras miro las gambetas de Messi no me importune con la orografía de Croacia.

Otra propuesta que leí sugería aprovechar los partidos para enseñarles a los chicos las reglas del juego. El candor de esta iniciativa me enternece: la buena señora, experta en educación, que la formuló, debe de creer que las maestras conocen más el reglamento del fútbol que los alumnos.

No tengo opinión categórica sobre si debe autorizarse o no que los partidos se vean en horario escolar. En todo caso, el único argumento a favor de la autorización sería evitar una ausencia masiva. Es un motivo suficiente, que no necesita ser legitimado por macaneos de burócratas que son obligados a llenar hojas con planes que nunca pasarán de su imaginación.

Por lo demás, el fútbol, lejos de estar excluido de la realidad social de nuestros jóvenes, es casi el único tema que la conforma. Dejemos que la escuela intente mostrarles, aunque probablemente sea en vano, que el mundo solía componerse también de otras cosas.


Osvaldo Perez Sammartino


Los dos links propuestos, uno en el 2006 y otro actual, sirven como ejemplo de la repetición del debate.

Comentarios

  1. Excelente como siempre. Y porque pasé como educadora por todos los trayectos mencionados me quedo con "Por lo demás, el fútbol, lejos de estar excluido de la realidad social de nuestros jóvenes, es casi el único tema que la conforma. Dejemos que la escuela intente mostrarles, aunque probablemente sea en vano, que el mundo solía componerse también de otras cosas"

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Un tema a resolver por los maestros.

Sindicatos. Docentes. Comienzos de clase. Paros ¿Por qué llegamos hasta acá?

Ley de obligatoriedad de sala de 3 años. Aportes para el mejoramiento del proyecto oficial