La evaluación educativa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Alcances y perspectivas



En estas últimas semanas se viene debatiendo en el marco de la Comisión de Educación de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires un proyecto de ley sobre la creación de un ente autárquico bajo la órbita del Ministerio de Educación que se dedique al tema de la evaluación educativa.
La presente nota realizada por la Lic. Susana Martín y yo fue publicada por la revista electrónica del Instituto Moisés Lebenshon como parte del aporte al debate abierto. Les traigo el texto completo para su lectura…


El problema de la evaluación ha tenido siempre visiones y disputas sobre su contenido y alcances. No obstante, ¿quién puede estar en desacuerdo con la necesidad de evaluar la educación de un colectivo, una ciudad, una región, un país? Creemos que pocos pueden, a esta altura de la historia, ofrecer resistencias razonables para ello. Sin embargo y dicho esto, al momento de poner en juego conceptualizaciones y acciones sobre el hecho evaluativo comienza a notarse las diferencias. Y, en este marco, los identificados como “fantasmas” de la evaluación justifican su ausencia o condicionan sus alcances.
¿Pero qué se entiende por evaluar en educación? La evaluación es concebida como un proceso sistemático de recolección y análisis de información.
¿Qué se evalúa? y ¿Para qué se evalúa? La información y el análisis en profundidad de las múltiples dimensiones educativas contribuyen a modificar propuestas y proyectos. Para eso obtener información confiable y actualizada puede brindar a las diferentes instancias del sistema (especialmente a las de gestión y conducción) datos y conocimiento para sostener el diseño de políticas públicas con vistas a un mejoramiento sustentable. Por otra parte, brinda a docentes y directivos de las instituciones educativas información y herramientas que coadyuvan al mejoramiento de los procesos de enseñanza y aprendizaje y al fortalecimiento institucional en su conjunto.
¿A quiénes se evalúa? La evaluación no puede tomarse como una cuestión aislada, fragmentada o solamente orientada a un aspecto concreto del quehacer educativo. Los que hablan de evaluación centrándola sólo en los alumnos o en los docentes ignoran que la política pública debe ser evaluada en toda su extensión, en su conjunto, en el marco de interpretar y considerar al sistema educativo como un todo: evaluación académica y formativa de los alumnos, evaluación del desempeño de los docentes y de los directivos, evaluación de las instituciones, evaluación de las políticas, de los programas, de los proyectos, evaluación de la gestión son todas dimensiones que deberían contemplarse a la hora de evaluar… Por suerte, los que piensan en considerar al sistema como una suma de segmentos yuxtapuestos, también para la evaluación, son cada día menos.
¿Cómo se evalúa? Las evaluaciones pueden tener un carácter cuantitativo y/o cualitativo.
Pueden estar destinadas a recabar información tanto de los procesos como de los resultados. Pero, ¿es una novedad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires este tema? De ninguna manera: cuenta con una larga y profusa trayectoria en la jurisdicción. No obstante la falta de políticas sustentables derivó en programas que perduraron sólo en los períodos mientras duraba una gestión política, sin lograr crear una cultura evaluativa.
Creemos que al momento de planificar políticas de evaluación aparecen en el escenario por lo menos tres dimensiones centrales para su diseño y configuración que presentaremos como tensiones posibles a ser resueltas. De cómo la Ciudad resuelva esas tensiones, dependerán las propuestas y se adecuarán o no a las necesidades de la evaluación en la jurisdicción.
La primera de ellas es resolver de una forma coherente el imprescindible equilibrio entre la evaluación interna del propio sistema y la mirada externa que pueden/deben aportar organismos que no forman parte del sistema educativo. En este sentido, debe resolverse si son sólo los actores los que deben autoevaluarse o debe complementarse con evaluaciones realizadas por otros actores.
La segunda es la de crear condiciones políticas para lograr la sustentabilidad de los programas de evaluación comparada teniendo como eje el mantenimiento de una lógica temporo-espacial que facilite la comparación de metas y resultados, garantice la confiabilidad de los datos obtenidos y construya las indispensables series históricas que aportarán una mirada a largo plazo.
La tercera tensión está relacionada con el concepto de evaluación que sostiene la gestión y la consiguiente creación de instancias responsables del proceso. Considerar a la evaluación como parte del proceso de planeamiento que incluye diagnóstico y apreciación de metas y resultados o que evaluar sea sólo una comprobación de resultados, no es lo mismo. Estas concepciones determinan espacios, instancias y áreas responsables diferentes. Para el primer posicionamiento la evaluación es parte de las instancias organizativas de un área de Planeamiento educativo. En el segundo, donde sólo se verifican resultados de políticas no necesariamente debe darse desde ese ámbito.
A modo de conclusión podemos afirmar que cómo evalúa, cuáles son las instancias responsables y los mecanismos utilizados dan cuenta de la política de evaluación y de los principios que sustentan las gestiones en una jurisdicción o de la carencia de políticas públicas en Educación. ¿Habrán sido estos los criterios utilizados al momento de pensar los actuales proyectos que impulsan la evaluación del sistema educativo en la Ciudad de Buenos Aires? No dudamos que el mayor trabajo deberá darse en la construcción de políticas de educación que incluyan la evaluación y una cultura de la evaluación entre los diferentes actores del sistema educativo. Si ésto no se da, no habrá consolidación de políticas sustentables y seguramente estaremos recreando este mismo diálogo con una futura gestión. Esperemos que éste no sea el caso…

Lic. Susana Martin
Prof. Flavio Buccino

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