Fantasia, "La nada", MacDonald's, commodities y la dificultad para pensar el futuro de la Educación

La película “La historia sin fin” relata la historia de una niña emperatriz que mientras avanza en una rara enfermedad, su reino Fantasia (sin tilde) es alcanzado por un calamitoso mal: “La Nada” engulle todo… y por eso, sus habitantes atrapados en sus problemas cotidianos van perdiendo, poco a poco, la capacidad de imaginar…

Me atrevería a decir que, en la Argentina de los últimos años esta podría ser una buena metáfora que describe parte sustancial del debate sobre el panorama social y político. Y Educación no está fuera del alcance de "La Nada": si nace algo distinto que plantea cambios más o menos traumáticos inmediatamente se lo “esteriliza” para que “de novedoso y transformador” pase a convertirse en algo inocuo, inerte, vacuo, fútil…Más allá del “autobombo” de las gestiones por la implementación de programas de achicamiento de brecha digital las vacancias sobre cómo pensar el futuro de la Educación sigue “habitando los vacíos” mientras se redoblan críticas a nuevos formatos educativos...Una muestra de esas reaccionarias críticas se da con la irrupción de los MOOC, un acrónimo en inglés de Massive Online Open Course (Cursos Online Masivos y Abiertos). Estos nuevos formatos muestran una modalidad de educación abierta y distribuida con características especiales y francamente disruptivas con la clásica mirada de enseñar y aprender. Desde otras latitudes, muchas veces como cursos de pregrado, los MOOC son ofrecidos gratuitamente a través de plataformas digitales en Internet y su filosofía se basa en la liberación del conocimiento para que éste llegue a un público cada vez más amplio.
En principio, y veo en esas furibundas críticas, una fuertísima paradoja con el mismo devenir histórico de la Educación. Uno de los desafíos en Educación fue y es la invención de tecnologías que logren transferir los conocimientos cada vez a más individuos de la mejor manera posible. Un desafío donde siempre hubo una fuerte impronta de la relación costo-beneficio, aunque algunos lo nieguen o no lo tengan en cuenta. De hecho y por algo, la “institución escuela”, el dispositivo elegido entre otros muchos probados, fue el triunfante a lo largo de los últimos 200 años de historia.
Los críticos de estos nuevos formatos hablan de la peligrosa tendencia a la “Macdonalización” de la educación. Utilizando esta “gastronómica” comparación argumentan que MacDonald’s incorpora una mínima proporción de la dieta alimentaria que un ser humano debe consumir, que no es la mejor comida aunque tenga éxito porque a las personas les agrada ese tipo de comidas y por último, que parte de su secreto está en contar con una gama muy limitada de platos en locales de idéntico diseño y con el mismo sabor y calidad en todas partes del mundo. ¿Quién se anima a negar verdad en estas afirmaciones? Sin embargo, en la mayoría de los casos, la misma empresa necesita de “marcas de territorialidad” para poder acceder mejor a los mercados locales: en Mendoza expende vino, en Israel carne “kosher”, en la India sus locales son ciento por ciento vegetarianos…
Dicho de otra manera, estos críticos plantean una suerte de “commoditización” de la Educación. ¿Qué impide que la educación se convierta en un commodity, una suerte de servicio “genérico” que cualquiera puede proveer, o muy fácil de conseguir porque no requiere especialización de ninguna clase? ¿Cuáles serían los límites de tamaña transformación?
Como imagino algún escozor por parte del lector a esta altura, intentaré profundizar un poco más en este concepto con el fin de clarificar un poco el panorama.
En su origen commodity es mercancía, todo lo que se puede vender, comprar o intercambiar por otro bien. Un “commodity” es algo genérico, algo básico, algo que no tiene mayor diferenciación entre sus variedades.
Pero ¿un commodity no es un bien primario? Parece ser el significado más común. Un ejemplo es la soja: con una calidad mínima, no hay diferencia entre la producida en un campo u otro. Pero hay otra acepción que los describe como un producto o un servicio que no requiere avanzada tecnología para su fabricación, procesamiento o distribución. Entonces, ¿podría decirse que hay productos o servicios que se pueden transformar en commodities? ¿La Educación ¿podría ser uno de ellos? Algunos creen que sí. Y así como las computadoras o teléfonos celulares alguna vez artículos de élite, hoy producto de la estandarización y la baja de los costos de producción, podría convertirse en servicios de consumo masivo.
¿Qué implican algunas de estas ideas en educación? Creo que mucho. No cabe dudas que la posibilidad de acceso se acrecienta y los formatos se multiplican, con o sin utilización de novedosas tecnologías. Un ejemplo: la transformación de los materiales de aprendizaje en formatos digitales y “online”, ¿es una forma de poner la educación al alcance de mayor cantidad de personas? Sí, lo es. En este sentido varias universidades en el mundo ya lo están haciendo. Pero no sólo en el nivel terciario han aparecido estas innovaciones: una serie de países también avanzan y vienen demostrando cómo hacerlo en otros diversos niveles educativos y modalidades. A través del desarrollo de cursos para un gran número de alumnos, no importa el lugar donde estén, pueden justificar la inversión necesaria para producir material de aprendizaje de alta calidad a un costo unitario muy bajo. Con un elemento adicional: una vez traducidos y adaptados al medio local, estos materiales pueden ser utilizados con éxito fuera del país de origen.
En una dimensión más cercana al actual modelo escolar, ¿podríamos imaginar “fichas de ejercitación” en Matemática o Lengua para cada uno de los pibes, producidas y distribuidas por el Estado, con el fin de estandarizar la tarea para el hogar de todos los alumnos de las escuelas primarias del país? No hace falta imaginarlo: muchos países ya lo están haciendo como forma de extender el tiempo de aprendizaje en entornos extraescolares.
Lo que no parece existir en Argentina -o nos cuesta imaginar como a los habitantes de Fantasia– es la existencia de una decisión política que lleve adelante el diseño y puesta en práctica de una agresiva política pública que incentive este tipo de acciones. De esta manera, los maestros podrían liberarse de la tarea de “reinventar la rueda” a cada paso. Para gran parte de los detractores, estas ideas son poco eficaces para personas que requieren la presencia del docente o de un aprendizaje más lineal y se inquietan frente al desdibujamiento del rol o la desaparición del docente. ¿Pero quién está pensando en sustituirlo? Todo lo contrario: un maestro que se dedique de lleno a “enseñar” y se convierta en un productor de conocimiento más que en un mero transmisor.
A esta altura del análisis necesito incorporar en el análisis, aunque sea brevemente, una referencia a la tensión entre el “el conocimiento como derecho” y “el conocimiento como bien transable”. Quien niegue la primera seguramente será catalogado como un retrógrado. Sin embargo, esta tensión existe y transforma nuestra visión clásica sobre la distribución del conocimiento. Los que tengan una posición dogmática quedarán como “conservadores” y para los que consideramos a “la educación como un derecho” no es la mejor de las plataformas discursivas para resolver la tensión a nuestro favor… Muchos ya dicen que, antes o después, el conocimiento se transformará en una mercancía (¿commodity?) más allá de la disputa entre la OMC (Organización Mundial del Comercio) y la UNESCO. ¿Cómo repercute esta tensión que aparece no del todo resuelta aunque alguno crea lo contrario? ¿Quién no escuchó decir que el nivel de competitividad de los países depende del nivel educativo de su población? Y si lo es para el colectivo ¿Por qué no, lo es también para lo individual? Si el conocimiento es tomado como "capital" se transforma en un factor de producción de riqueza como alguna vez lo fue (y es todavía pero en menor medida) la tierra… Algo de lo que se ocupa la Economía del Conocimiento… Parece entonces que el gran desafío para la sociedad actual y la del futuro será encontrar la mejor manera de distribuir equitativamente ese capital intangible… algo a simple vista es mucho más complejo que distribuir la tierra... ¿Alguno podría pensar cómo realizar una reforma “agraria” educativa? ¿Cómo hacer para darle “una parte del conocimiento” a cada ser humano? Porue mil hectáreas de campo son más fáciles de distribuir que solo una de las tantas competencias necesarias para vivir en sociedad, obtener un trabajo, ser un buen ser humano…
Por lo tanto, para asegurar verdadera obtención del conocimiento y volviendo a la “metáfora gastronómica”, el reto es cómo convertimos estos nuevos “fast foods” o nuestras antiguas “tabernas” en “restaurantes gourmet” con eficientes servicios “take away” y “delivery”, que multipliquen y diversifiquen constantemente sus menúes, se formen a los mejores chefs para ello y sepamos elegir las mejores materias primas a los mejores proveedores… El reto en definitiva es volver a imaginar…

Comentarios

  1. Muy buen Blog !
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    http://geraldocapillo.blogspot.com/
    Gracias !

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  2. Muy buen Blog !
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