Heridas del populismo educativo



En la excelente nota del miércoles 15 de septiembre de 2010, Gabriel Palumbo esbozó con genialidad meridiana para ese entonces (hoy es más fácil encontrar estas caracterizaciones en el discurso cotidiano), una definición sobre el kirchnerismo. Especulando sobre qué hay detrás (parte del título de la nota) se preguntaba cuál (era) es su “rasgo más potente”, cuál “su marca firme en la cultura política argentina”
Una primera respuesta de ese escrito, en palabras del propio Palumbo, fue que “el kirchnerismo presenta, según veo las cosas, tres características salientes: se propone como un populismo con ciertos aires beligerantes, actúa como una tecnología de apropiación de la memoria y opera políticamente intentando capturar la exclusividad del ideario progresista”...
Recurrí a ese texto con el fin de poder arrancar, ya que tenía/tengo cierto interés particular en verificar las huellas que deja este proceso que tan caracteriza Gabriel, en el ámbito educativo argentino. Fue así como en la descripción minuciosa que realiza de esa primera característica me encontré con que “el ejercicio del poder del Estado que lleva adelante el kirchnerismo puede ser definido con un populismo de baja intensidad, con momentos de mayor beligerancia donde el planteo de los distintos conflictos remiten permanentemente a una fórmula confrontativa. Sostenido por postulaciones conceptuales importantes como pueden ser la de Ernesto Laclau y sus seguidores locales, la conflictividad inherente a la dinámica democrática se vacía de componentes plurales y se propone como finalista, esencialista y totalizadora. Lo que conocemos como crispación, que es una suerte de ‘sensación térmica de la beligerancia estatal, no es otra cosa que el modo no democrático de ejercer el poder que permanentemente elige el gobierno en la búsqueda de su propio posicionamiento político que, de otro modo, le resultaría dificultoso ya que no tiene un programa o una dirección definida”. Nada mal para comenzar a caminar un sendero un tanto desconocido para mí… Buen báculo para apoyarse…
Y tal como plantea el investigador venezolano Orlando Albornoz, si bien históricamente se ha relacionado el populismo como una práctica política (refiriéndose a esos primeros populismos de América Latina en la década del 40 y 50), esta práctica sin dudas se extiende a la Educación "como parte de la estrategia totalizante del Estado para abarcar todos los estratos de la sociedad".
Así es como en Educación ese populismo parte de la estrategia de crear una cultura paralela. Deliberadamente busca satisfacer las demandas sectoriales sin estudio de sus consecuencias ulteriores, emprende la construcción de un sutil y delicado modelo clientelar intra-sistema educativo, procura instalar un facilismo al extremo, ocultándolo la mayoría de las veces, tras el velo del concepto de “inclusión”, recurre a al discurso demagógico, la ignorancia del “militante”, la irresponsabilidad por los resultados, la simplificación de situaciones complejas con el fin de esfumar las seguras contradicciones que podrían constatarse con una mirada un poco más profunda y el desvanecimiento de los matices que seguramente surgirían si el desafío de educar a toda una sociedad fuese encarado de otra manera.
Casi parafraseando a Thomas Popkewitz en “Sociología política de las reformaseducativas”, “no pretendo quitar importancia a los proyectos políticos que intentan desarrollar instituciones sociales más apropiadas”. Remarco “la dificultad que plantea el razonamiento populista” que “consiste en simplificar en exceso el problema de la acción social y el saber”, siguiendo “de forma indirecta las reglas utilitarias del conocimiento que, en principio, rechaza la perspectiva del trabajo intelectual”.
¿Qué hace que esta retórica populista, basada en términos como “hay que hacer más divertido el aprendizaje”, “el profesor debe ser un facilitador que privilegie las opciones más lúdicas para enseñar”, “hay que otorgar poder de decisión institucional a los chicos”, “hay que instalar las promociones automáticas” y otras fórmulas más "edulcoradas" hayan anclado rápido en el discurso educativo? La elaboración de estos artificios discursivos no es inocente, no produce efectos veniales. En la acción pedagógica parecen encontrar rápido amparo bajo su tradicional papel redentor que, remozado, vuelve a ser ampliamente demandado en la búsqueda de atenuar la incertidumbre actual, con promesas de igualdad, bienestar, emancipación. Una cultura redentora con “careta amable” de lo local, de lo idiosincrásico, de lo popular cuyo presunto objetivo es estar al servicio de ciertos ideales “democratizantes” pero que ha servido y sirve para consolidar y encubrir las relaciones de poder en un campo caracterizado por la desigualdad.
Sin dudas, entonces, lo más conflictivo, es que a diferencia de la Educación Popular, aquella que planteaba Sarmiento, la "educación populista", no busca transformar sociedad, su estructura y las relaciones que se dan dentro de ella sino, por el contrario, aspira a mantener las cosas tal como están: despliega el más intenso y perturbador conservadurismo con el objetivo de preservar, a toda costa, el poder y la hegemonía de una dirigencia de por sí provecta, no importa los años biológicos que tenga. Pero el populismo educativo (y porque no el populismo en general) en palabras del propio Albornoz “si bien son un éxito político en el corto plazo, están destinados siempre al fracaso".
Los que más saben sobre esto dicen que el éxito de estos "nuevos populismos", los que hoy vive parte de América de Sur, está basado en dos elementos que podríamos decir que nada tienen que ver con políticas educativas específicas: liderazgos convocantes y políticas redistributivas. Para algunos no parece haber mucho misterio: el atractivo de estos gobiernos reside en la apelación carismática de sus liderazgos y en el apoyo a políticas sociales redistributivas implementadas por estos gobiernos también con mirada cortoplacista (las misiones sociales venezolanas, el Bono Juancito Pinto en Bolivia o la AUH en Argentina). Si se suma a esto la disminución de la pobreza y la indigencia en todos estos países, producto de una tendencia general de toda la región a partir del fenomenal creciemiento por ingresos de recursos de la suba internacional de los “commodities” (soja o petróleo), y el recuerdo de las crisis de fines de los 90, no hay necesidad de explicar mucho más. El combo es casi perfecto…
Como varios que coinciden en que mientras los partidos opositores no desarrollen un discurso económico propio y seductor será difícil forzar una alternancia (salvo caso de derrumbe catastrófico) creo que en el sector educativo ocurre algo muy parecido: mientras no se construya una propuesta alternativa que abandone los varios “lugares comunes” por los que transitan sin rumbo las políticas educativas es muy probable que lo que cambie sea sólo el tipo de populismo… Posibilidades de esto último, las hay. Prueba de ello son las exíguas diferencias y las “políticas de proximidad” que existen entre los distintos signos políticos que gestionan hoy los Minsiterios de Educación en las diferentes jurisdicciones del país. Todos más o menos igual…
Mientras, algunos datos de la realidad empiezan a mostrar el resquebrajamiento del modelo populista. El cierre por decreto de la paritaria nacional con una pauta por debajo de la inflación anual del 2012 y el persistente enfrentamiento por puja salarial en un importante número de provincias (Provincia de Buenos Aires a la cabeza) podrían estar marcando el debilitamiento, y posible pronto fin, de los 9 años de “cogobierno educativo” con los sindicatos docentes, inaugurados con el viaje de Néstor Kirchner junto a Daniel Filmus, su ministro de Educación, a la provincia de Entre Ríos, en mayo de 2003 para pagar salarios adeudados y levantar una prolongada huelga de maestros. Parece que la política de “Conflicto 0” ya no alcanza para “transformar” la Educación… (si es que ese ha sido el objetivo real…)
Pareciera que la política populista ha mantenido en su discurso la exaltación del rol de la educación pero “abandonada de agenda”, se ha llenado de propuestas cosméticas o poco profundas. El discurso público exalta el rol de la educación como elemento transformador pero las acciones caminan en sentido contrario o no caminan...
Domingo F. Sarmiento en Educación Popular en 1849 define con extrema sensatez y claridad un programa de educación pública cuyas huellas todavía hallamos en muchas de nuestras escuelas: "El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen. Y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas, haciendo crecer cada vez más el número de individuos que las posean".
Trasladada esta cita al siglo XXI, haciéndonos precisas y novedosas preguntas para obtener muchas y atinadas respuestas hay posibilidades ciertas de construir una propuesta que cauterice las heridas que deja la experiencia populista. Hoy es el momento. Nuestros hijos, nuestros nietos, los que aprenden la están demandando…

Comentarios

  1. MB, y estoy de acuerdo. Es MUY diferente la "educación popular" que pretendió un Sarmiento y el país dió un salto importante, que la "educación populista" que nos aleja del conocimiento y nos deteriora como sociedad.@zafiazul

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  2. No hay nada mas que añadir. Todo eso está pasando hoy en la Argentina...Sin esperanza de que cambie. Lástima que cuando llegue el cambio, si llega algún día, será tarde par millones de jóvenes...

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  3. Apología de la educación chavista en un suplemente educativo:
    http://www.lacapital.com.ar/educacion/La-muerte-de-Chavez-evoca-su-busqueda-de-una-educacion-para-los-desarrapados-20130309-0036.html

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  4. El populismo necesita hacer base en la escuela. Las cabecitas frescas son esponjas en las cuales germina la idea del estado benefactor en cabeza de un líder que nos ama, nos cuida, nos proteje. En los cuadernos de la cárcel, si mal no recuerdo, Gramsci indicaba claramente que la hegemonía del poder partía de tomar los medios de comunicación y las instituciones educativas. Mis 44 años me han permitido ver los libros del gobierno de Perón para escuelas primarias. No me lo contaron. Los ví. Con ellos fueron al colegio mis padres. "Los niños visten bien, porque la fundación Eva Perón les da ropa a los necesitados". "Evita y Perón nos aman". "Los niños tienen juguetes. Se los regaló Evita"... No sé si son exactas, pero es la idea. Los partidos populistas, siguen hombres, no ideas. Y para ello necesitan exaltarlos como tales y que los niños y todo el mundo los consideren grandes ídolos inalcanzables. La capacidad moral, industrial e intelectual de los individuos sólo era un sueño de Sarmiento. Uno más. Leíste "El horror económico" de Vivian Forrester? Te lo recomiendo.

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