"Si hago leyes, construyo política educativa". Un mal de época

El jueves 29 de noviembre la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires convirtió en ley dos expedientes que proponen reformas en la regulación laboral de maestros y profesores porteños. Ambas leyes mantienen absoluta coherencia con la línea que viene trayendo este poder del Estado en los últimos tiempos: hacer de la excepción y las sucesivas reformas, la norma. Como ya he escrito en este mismo blog: “modificaciones descontextualizadas y desarticuladas” que han convertido al Estatuto en un ”Frankeinstein”.
En realidad, ambas leyes tienen una “falla de origen” o por lo menos, una “equivocación”. Lo que no se logra entender es que el principal problema no es si hay o no normativa: cuando lo que falta es una política educativa en la cual se inscriban, las normas por sí solas no se convierten mágicamente en “política pública”. En mi opinión, estas “falla” no se advierte y eso condiciona las respuestas dadas… De allí, que la fundamentación recurra, en éste como en otros casos, a “supuestas necesidades y problemas” del sistema educativo porteño que tienen “años sin resolverse” y que sólo a través de la creación de una ley pueden ser resueltas. Leyes que son presentadas como reparaciones a “deudas históricas”… Una ley (en este caso dos) que sólo regula el trabajo de los docentes… En esas fallas o equivocaciones de origen, buscaré fundamentar mis opiniones y aportes desde otra mirada. Posiblemente tampoco lo logre plenamente…
Uno de los proyectos (el otro lo trataré en un próximo post) propone la creación del cargo de Asistente de Comedor para escuelas primarias. Para aquellos que no conocen, hasta hoy, los maestros de las escuelas primarias de jornada completa y algunas de jornada simple, tenían como una obligación incluida por Reglamento Escolar, el cuidado de los alumnos durante el tiempo en que se desarrolla la actividad del comedor escolar (Art. 94 Inc. 17 para el caso de la Educación Primaria y Art. 112 Inc. 17 para el caso de Educación Especial). Parece un tema menor traer aquí el reglamento. Sin embargo, si es parte de las obligaciones del maestro según el reglamento aprobado en el 2006 es parte de la “función docente”… Para cumplir con esa función se organizan turnos para que los maestros de grado se queden un día a la semana (12.20 y 13.45 en la mayoría de los casos) acompañando a los chicos durante la hora del almuerzo. Uno de los considerandos del proyecto convertido en ley plantea la imperiosa necesidad de terminar con la “sobrecarga de horas de los Maestros que trabajan en estas Escuelas desempeñando también las funciones de asistente de comedor” que “terminan afectando el buen desempeño de las funciones pedagógicas que son propias de su incumbencia”. No está nada mal pensar que los docentes descarguen tareas para centrarse en su actividad específica, la de enseñar. Lo contradictorio de este proyecto es que en otro considerando del mismo proyecto se plantea que “el almuerzo no deja de ser parte de la cotidianeidad de las Escuelas” y “un hecho ineludiblemente educativo”. ¿Si es un “hecho ineludiblemente educativo” que mejor que el maestro de grado para cubrir esa tarea? Pero aquí, aparece otra “falla de origen”. En los últimos años hay una persistente tendencia en el sistema escolar: cada nueva tarea que se realiza en la escuela, y en particular la escuela primaria, debe estar a cargo de un nuevo personal especializado en esa tarea… y que siempre tenga título docente… Los de más edad o algunos que viven en algunas provincias de nuestro país que lean esta nota podrá llamarles la atención el siguiente dato: hoy, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un chico que va a la escuela primaria pública tiene a lo largo de una semana de clases, no menos de 7 maestros que cubren la enseñanza de las diferentes áreas curriculares. El mecanismo utilizado es algo parecido al siguiente: aparece un nuevo conocimiento relevante o una nueva acción que debe realizar la escuela e inmediatamente un importante sector del sistema cree que debe nombrarse en cada escuela un nuevo personal docente para que se haga cargo. Así fueron los casos de la incorporación de la informática en los años noventa o más recientemente el ingreso del idioma inglés en los primeros grados. Puede que en algún caso sea la única forma. Pero el problema es cuando se convierte en “regla de cumplimiento obligatorio”. En el caso del comedor, aunque no sea nuevo, el proyecto justifica esta incorporación del Asistente de Comedor con “una mirada docente que debe velar por fomentar las prácticas de las normas de convivencia de la institución y los hábitos de higiene” dando por sentado que por ese “motivo es fundamental que aquellas personas que desempeñen esta tarea tengan una formación docente/pedagógica”. ¿Contradicción? Recordemos la fundamentación unos párrafos antes sobre el comedor como una “recarga” que afecta "las funciones pedagógicas que son propias de su incumbencia”. Reforzando este concepto de “formación pedagógica” para estos futuros “asistentes” y con el objetivo de profesionalizar la carrera docente sugiere que “es imperioso pensar en este rol como un rol pedagógico que requiera de formación para su desempeño”. Tomando estas últimas palabras, ¿podría pensarse que, en un futuro, podría crearse la carrera de Asistente de Comedor Escolar (¿o a lo mejor un Postítulo?) en alguno de los Institutos de Formación Docente de la Ciudad?
Y hablando de “sobrecargas”, una rareza: el proyecto nada dice sobre la “carga” del Vicedirector de esas escuelas como responsable de controlar el cumplimiento de las obligaciones del concesionario del comedor que plantea el art. 84 del Reglamento Escolar y que seguramente ningún docente ha soñado entre las funciones que iba a cumplir el día que aceptó esta vocación.
El verdadero desafío, más allá de intentar “enmascarar” una supuesta liberación de tareas, debería ser incorporar otras miradas. Miradas que busquen construir un proyecto educativo y piensen estrategias y herramientas para la gestión de ese proyecto…
Estoy seguro que, si desde un principio, se hubiese pensado de manera diferente, se hubiese podido avanzar sobre la construcción de ese proyecto… cimentándolo en objetivos pedagógicos para ese “momento educativo” del almuerzo, analizando los actuales formatos y sus posibles mejoras a partir de estudiar alguna de las “experiencias exitosas” que seguramente existen en nuestro rico sistema educativo… En fin primero: proponer un modelo de “comedor escolar”, el que creemos que "debe ser"...
Indudablemente, de todo esto, no debería ocuparse la Legislatura… Ésto se puede hacer allí en la escuela, entre autoridades y maestros… Estoy seguro que las cosas hubiesen arribado a un puerto diferente… Y si después de todo eso hubiese sido “imprescindible” la incorporación de nuevo personal seguramente hubiese habido muchas más alternativas que la planteada por el proyecto convertido en ley…
Antes que se enoje algún colega: no dudo que un comedor escolar en los actuales formatos y con una cantidad de 200 a 300 chicos es una tarea estresante para 3 o 4 “docentes de turno”… Yo lo he hecho durante mi carrera docente y no puedo negarlo. Es así… Lo raro es que tras “muchos años” como remarca el propio proyecto, ningún Ejecutivo, haya encontrado cómo crear las condiciones para generar esos “proyectos” que mejoren esta “ineludible” actividad de las escuelas… ¿Mejoras orientadas a las condiciones laborales de los docentes? Sí, ¡pero fundamentalmente mejoras en las condiciones en que comen los pibes! Otros formatos, otra gestión… Reformular el tiempo y la “geografía” del comedor escolar, redistribuir responsabilidades entre pares, desnaturalizando algunas acciones y condicionamientos de los concesionarios que brindan el servicio y otras muchas cosas más podrían ser parte de la nueva propuesta…
Llamativamente la “mejor y única” solución encontrada parece ser nombrar nuevo personal que se haga cargo de ese “mal momento” (por lo visto parece que seguirá siéndolo). Eso sí, (¡por favor no nos olvidemos!) como propone uno de los cambios de último momento: que el aspirante al cargo tenga título docente…

Imagino una escuela en la que ese momento no sea estresante para nadie. Un momento que los maestros deseen compartir con sus pibes… Un momento placentero fundamentalmente para los alumnos… Pero para ello me parece que hay que poner el ojo en otras cosas… Si hace falta más personal después veremos…


Nota: quedan en el tintero otros elementos del proyecto que no hace falta incorporar en este post ya que sólo servirían para confundir al lector. Cosas puntuales como la creación de un escalafón, el tiempo de trabajo o los índices salariales. Me pregunto; ¿habrá garantía mínima salarial para estos cargos también?

Comentarios

  1. Hola soy @Ambientereal1
    Esto pasa en todos los ámbitos laborales, no solo en la educación, y es consecuencia de la pérdida de la cultura del trabajo. En el ámbito privado, hay algún freno a esta tendencia, pero también se puede apreciar.
    Si a los maestros cada vez les gusta menos enseñar y a los alumnos cada vez les gusta menos aprender, como avanzaremos con la educación?

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  2. Primeramente fue una queja constante del docente la multiplicidad de funciones, roles, perfiles del docente que se requería, sobrecarga horaria etc.En Cba. actualmente el comedor escolar está contemplado en el Proyecto Educativo Institucional (PEI)donde están contempladas todas las fortalezas y debilidades de la Institución, previo diagnóstico. Los actores aportantes a ese proyecto: Comunidad Educativa en pleno, para lo cual hay objetivos y una fundamentación, actividades, responsables, tiempo, recursos materiales y humanos. De esta manera los docentes al haber intervenido en el proyecto se hacen responsables de las funciones que tendrán que desarrollar, como así en la jornada extendida,se pide a los mismos docentes que se hagan cargo.Vi a muchas colegas hacer cursos de inglés,informática etc. Todo se resuelve en la institución y con su personal, se debe negociar.
    Estela Salani

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