La deuda que no saldamos

La presión atmosférica es el peso que el aire ejerce sobre la Tierra. Este fenómeno fue descubierto por Evangelista Torricelli. Para medirla, inventó un tubo que terminó llamándose "Tubo de Torricelli" o "barómetro". Este artefacto calcula, a través de un tubo de mercurio de 76 cm de altura, que se equilibra con la presión atmosférica. De acuerdo con sus estudios, el aire presiona sobre sobre cada centímetro cuadrado con un peso de 1.033 g (1,033 g/cm). Siempre me costó la Física. Por ello debo haberme orientado a cuestiones más humanísticas… Sin embargo, las “presiones de la realidad” sobre “lo social” bien pueden ser medidas por otro tipo de “barómetros”…
El 19 de julio pasado se presentó el Barómetro de la Deuda Social Argentina 2012: Asimetrías en el Desarrollo Humano y Social (2007 / 2010-2011) Progresos económicos en un contexto de vulnerabilidad persistente...
Desde 2004 el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Pontificia Universidad Católica Argentina viene presentando año a año con este “barómetro” el resultado de un trabajo cuyo objetivo principal es el de instalar en la agenda pública aquello que falta por hacer, lo que esta sociedad le debe a los sectores más postergados: un relevamiento de éxitos y fracasos de años de políticas públicas que dan o no respuesta a los desafíos de la Argentina actual y futura…
Existe un valor extra para este trabajo: pocos (o ninguno) son los ámbitos que vienen trabajando sistemáticamente en este tipo de relevamientos y captación de información… Los últimos 10 años la Argentina se ha caracterizado por cambiar, discontinuar o, lisa y llanamente, destruir varios de los instrumentos que “miden” indicadores sociales, perdiendo así la posibilidad de comparabilidad de la información y haciendo del presente, y del futuro principalmente, un “presente continuo”… Es penoso ver que la información oficial haya perdido confiabilidad y no ofrezca ninguna certidumbre de objetividad para enfrentar los temas de la agenda social. Aunque parezca secundario para algunos, este problema es vital al momento de organizar el tiempo político-institucional de nuestro país. No es sólo una cuestión de indicadores y datos. No confiar en los que existen, además,  dificulta el consenso necesario y la coordinación de políticas públicas que finalmente terminan basándose sobre un discurso único, engañoso e instrumental de la realidad.
Casi seguramente a muchos nos incomoden algunos de los indicadores publicados en este trabajo. Debo decir que me resultó llamativo (hasta por ahí “agresivo”) que algunos de los que tienen o tuvieron responsabilidad dirigencial en la Argentina de los últimos 25 años, y que formaban parte del público presente durante la exposición de los indicadores, no se hayan sonrojado frente a los datos que se mostraron… Aunque sea un poquito por vergüenza o por propio pudor… Espero hayan escuchado al rector de la universidad, Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández, durante la apertura cuando aseguró que se necesitan “instrumentos para leer la dinámica social, para saber por dónde van las megatendencias de la sociedad argentina”, advirtiendo que “por no saber leerlas o por confiar sólo en sus instintos, muchos dirigentes no aciertan a respuestas adecuadas para el pueblo”. Coincidimos que no es una deuda de un gobierno, ni sólo del Estado, ni de un sector. Es una deuda que requiere respuestas tanto del sector público como del privado, que interroga tanto a los grupos como a los individuos… En definitiva, como dice algún amigo, también es parte del "pasivo" que mantiene nuestra Democracia después de casi 30 años desde su retorno…
En este caso, la pregunta disparadora, tal como la plantea el propio informe, es ¿En qué medida el crecimiento económico, la ampliación de los derechos sociales y las mejoras en las políticas públicas promovidas durante la última década impactaron de manera positiva en el desarrollo humano y en una más justa distribución de las capacidades de integración social para el conjunto de la población?
Sin dudas, los últimos 9 años de nuestra Democracia y como nunca antes se han dado las condiciones para revertir los procesos que llevaron a la Argentina a esta situación…
Una vez más, el informe nos devuelve una imagen diferente de la que algunos agentes económicos, el poder ejecutivo, parte del legislativo y una buena parte del colectivo social festejan apoyados por algunos  resultados que arrojaron hasta el momento algunos indicadores de actividad, consumo y riqueza.
Tomando como base el año 2007 (según una parte de los especialistas el mejor momento del modelo político-económico post-devaluación) el informe evalúa los eventuales logros o retrocesos alcanzados durante los dos primero años del Bicentenario 2010-2011. El balance claramente no es positivo… En el mejor de los casos los indicadores no tuvieron variación o se mantuvieron sin cambios. Pero lo más preocupante es que no sólo muestra lo mucho que falta: implícitamente realiza una valiente y áspera crítica al camino que estamos transitando, lo que deja en claro que lo que estamos haciendo no alcanza. Los avances de la última década en ampliación de derechos sociales, el inusitado crecimiento económico, la extensión de la asistencia pública con creación de empleo social o transferencias condicionadas de ingresos y el mayor esfuerzo laboral de los hogares particulares en función de aprovechar las pocas oportunidades de movilidad social no han revertido la situación, especialmente en el 25% inferior de los estratos socioeconómicos. Con meridiana lucidez, el trabajo muestra evidencia empírica en cada uno de los ejes abordados de cómo el mantenimiento de amplias franjas de la sociedad con marginalidad económica, pobreza estructural, desarticulación social, subempleo indigente y segregación residencial, entre otros aspectos críticos, continúan siendo debilidades de una sociedad que crece, consume y progresa pero que no garantiza un sendero de inclusión social para los sectores más postergados. Por lo tanto más allá de las buenas intenciones o de las buenas o malas noticias cotidianas el informe sugiere (un poco más que una “sugerencia”) la persistencia de un orden económico, social y cultural profundamente desigual y desigualador en un modelo que no logra escapar de la trampa que le plantea la exclusión y la desigualdad social. ¿Modelo de crecimiento con inclusión social? Crecimiento, sí. Inclusión social, “más o menos”…
Tal como plantea el propio Coordinador General e Investigador Jefe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) Agustín Salvia “Sin necesidad de recurrir a estadísticas sociales, sobran los testimonios que remarcan las innumerables penurias humanas que terminan finalmente estallando en el escenario social; al mismo tiempo que los problemas estructurales de exclusión social son negados u ocultados por los discursos oficiales, postergando su resolución y concentrando esfuerzos en medidas de alta exposición pero de escasa efectividad”.
La estructura del informe contiene datos sobre las capacidades de subsistencia económica de los hogares (consumo y ahorro monetario, ingresos de subsistencia, inseguridad alimentaria, recortes en salud), condiciones de vida en el hábitat urbano (vivienda digna y segura, conexión a servicios domiciliarios de red, acceso a infraestructura urbana básica, condiciones medio ambientales saludables), satisfactores laborales y de protección (situación laboral y riesgo de desempleo, protección social, ingresos provenientes del trabajo), salud (acceso, estado y atención), recursos psicológicos y vida social (relación con otros), cultura democrática y vida ciudadana (preferencias, conformidad y atributos de la democracia, confianza en las instituciones, participación y seguridad).
En los 90 la "presunción comprobable" fue que el crecimiento fue mejor aprovechado por los sectores de que estaban incluidos en el cuartil más alto de la escala socioeconómica y que los más rezagados no tuvieron esa posibilidad, pronunciando cada vez más la desigualdad… El Barómetro parece decirnos que en la década de mayor crecimiento de la historia Argentina (2002-2012) ocurrió y sigue ocurriendo lo mismo… Esperemos que no le echen la culpa de ello a Torricelli…

Más información www.uca.edu.ar/observatorio

Comentarios

  1. Voy a escribir algo que es factible me condene. Hace años que escucho hablar de "inclusión". Incluir es poner algo adentro de otra cosa. La verdad es que, socialmente, estamos consiguiendo esto. Estamos "metiendo" literalmente a parte de la sociedad en la otra parte. A los que menos tienen dentro de los límites de los más tienen. Así entonces tenemos una villa adentro de un barrio "top". Y es buenísimo, porque entonces, la marginalidad luce. Quienes tienen acceso a vivienda digna, salud a través de prepaga, colegio privado, personal de servicio, etc pueden ver toooooodo lo que tienen en claro contraste. Y al revés también. Así, un pibe que no tiene más que un par de zapatillas, puede ver como el de enfrente cambia de celular más rápido que él de calzoncillo. Linda la inclusión, no? Claro, acá cualquiera podría pensar que me gustaría levantar un paredón y poner a unos de un lado y a otros del otro. Pero no es así. Me gustaría que más que hablar de inclusión en los términos espantosos que hablamos, pensáramos en la incorporación. Incorporar es, según la RAE, "agregar, unir algo a otra cosa para que haga un todo con ella" y, también, "agregarse a otras personas para formar un cuerpo". Si lográsemos un cambio de paradigma, quizás entonces, tendríamos una sociedad más igualitaria. Una sociedad en la que no incluyamos más, sino que planifiquemos en función de un todo del que cada uno somos parte. Salud para todos. Educación para todos. Vivienda para todos. Desde los hechos, no desde el discurso. La sociedad es un TODO, no es la inclusión de los que tienen menos en el "mundo" de los que tienen más. Perdón, más que comentario, casi te hice un post. Hoy me levanté más zurdita que de costumbre. Un cariño, Flavio. Siempre es un placer leerte.

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