El tiempo en la escuela

Comedor: símbolo de la jornada completa en Argentina
En el debate educativo actual parece haber ganado un espacio central el tema del tiempo escolar. Desde hace unos años surgieron diversas propuestas para incrementar los años de duración del proceso educativo formal: la extensión de la obligatoriedad de 7 a 13 años, la extensión del ciclo lectivo a no menos de 180 días de clases, la incorporación de los niveles preescolares como salas de 2, 3 y 4 años, la duración de la jornada escolar…
Cada campaña electoral nos muestra un acuerdo generalizado, entre las diversas fuerzas políticas, con respecto a extender la jornada escolar. Un tema en debate que pareciera no estar cerrado todavía entre los especialistas de la educación…
Los que están por el sí argumentan a favor del “tiempo extra” por ser una opción positiva y una necesidad. Aseguran que hay una asociación directa entre el tiempo de aprendizaje y los logros educativos.A mayor tiempo, mejores logros...
Los que están en contra o dudan, sostienen que la extensión horaria es simplemente una necesidad impuesta por la situación socioeconómica, pero pedagógicamente puede ser negativa y no produce aportes significativos en la mejora de los aprendizaje. En última instancia proponen que convivan ambos tipos de jornada y sean los padres quienes definan cual elegir para sus hijos.
Sin definirnos entre una postura u otra, cierto es que, hasta el momento, no se han demostrado diferencias notables entre grupos de alumnos que concurren a un solo turno y los que concurren a jornada completa, por lo menos en la Ciudad de Buenos Aires. De hecho las evaluaciones realizadas en los últimos años no muestran logros diferenciados entre ambos tipos de escuelas primarias.
Sin embargo, como veremos más adelante, la decisión ya fue tomada y, como casi todo lo que hacemos en nuestro país, la resolución tenía que ser lo más pomposa posible, lo más rimbombante, aunque todavía nadie haya podido construir una propuesta pedagógica para ese “más tiempo” que vaya más allá del titular de un diario: "Jornada Completa para todos".
Hemos observado que el tiempo escolar de nuestros alumnos era (es) menor que el de la mayoría de los países del mundo (incluso los de varios países de América) y decidimos avanzar en la extensión. Aunque varios países hayan tardado varios años en lograrlo, algunos sigan poniendo en duda sus beneficios u otros tengan modelos con ajuste a cada etapa evolutiva de los chicos y adolescentes.
En primer lugar debemos decir que la jornada completa (jornada partida de 7 horas reloj aproximadamente) existe en Argentina desde hace mucho tiempo. Un ejemplo, la Ciudad de Buenos Aires cuyos inicios datan del año 1957. En ese año el Inspector General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación, Carlos Fiorit, introdujo como modalidad de organización escolar la denominada “doble escolaridad”. Claramente organizada con respecto a la atención y la fatiga escolar de los alumnos, no tuvo tanta suerte con la definición del destinatario. Así fue como las escuelas de jornada completa nacen con una doble función: mayor contención social y mayor contención pedagógica.
Por lo tanto desde un principio se entrecruzan estas dos dimensiones que a lo largo del tiempo han tenido momentos de menor y mayor tensión. El debate en la actualidad está teñido por estas tensiones… De acuerdo a sus destinatarios: ¿es un ideal escolar universal o sólo una acción compensatoria? De acuerdo al sentido: ¿responde a necesidades asistenciales y de contención social para algún sector en particular o a las transformaciones del conocimiento? En los discursos que circulan estas tensiones están: según la posición adoptada se construyen modelos diferentes de organización escolar poniendo énfasis en alguna de las dos posiciones.
Por ejemplo: cuando se plantea que “hay que lograr la “doble escolaridad” para los barrios más vulnerables de la Ciudad o el conurbano ¿Se lo dice desde el lugar de la contención al conflicto social o desde la necesidad de una formación integral del ser humano?
Seguramente la mayoría no entrará en estas disquisiciones casi filosóficas pero repetimos: de acuerdo al planteo inicial que hagamos así será el sentido de este “más tiempo escolar”…
Como adelantamos la decisión política ya está tomada (aunque dudamos que se entienda el para qué y para quiénes). La Ley Nacional de Educación plantea en su artículo 28 que “Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel...” y su artículo 135 plantea que dicha implementación se planificará y ejecutará con ayuda de la Ley de Financiamiento Educativo (Ley 26075) por la que se obligan a elevar el presupuesto consolidado de educación, el Gobierno Nacional, las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al 6% del Producto Interno Bruto (PIB) entre los años 2006 y 2010.
Ciertamente, el cumplimiento de los objetivos que obligaba esta ley de Financiamiento Educativo en su Artículo 2 debería tener que ser evaluado con un poco más de profundidad que estas pocas líneas o se si se logró el número mágico del "6%". Sin embargo, es para marcar que el inciso “B” de dicho artículo plantea claramente como meta lograr que, como mínimo, el 30% de los alumnos de educación básica tengan acceso a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando los sectores sociales y las zonas geográficas más desfavorecidas”, en cierta contradicción con la posterior Ley Nacional de Educación.
El esfuerzo parece dirigido sólo a la educación primaria, aunque creemos que hay que pensar con seriedad como incorporar el desafío también para la imperiosa y demorada reforma del nivel secundario.
Es así como desde el 2006 se plantea la universalización de la jornada extendida o completa como una  prioridad. ¿Pero realmente fue “prioridad” durante estos últimos 4 años? Para verificarlo podemos observar el siguiente cuadro:

Porcentaje de alumnos en Jornada Completa - Sector Estatal - Comparativo 2005 -2009






Jurisdicción
2005
2009
Diferencia
Total País
5,4%
5,7%
0,3%
Ciudad de Bs. As.
42,5%
44,4%
1,9%
Buenos Aires
3,2%
3,2%
0,0%
Conurbano
1,6%
1,8%
0,2%
Resto
5,3%
5,1%
-0,2%
Catamarca
16,8%
15,8%
-1,0%
Córdoba
2,2%
1,4%
-0,8%
Corrientes
0,2%
0,5%
0,3%
Chaco
5,9%
6,0%
0,1%
Chubut
1,7%
6,4%
4,7%
Entre Ríos
4,1%
4,4%
0,3%
Formosa
7,5%
8,7%
1,2%
Jujuy
8,9%
8,8%
-0,1%
La Pampa
13,1%
14,1%
1,0%
La Rioja
8,9%
8,8%
-0,1%
Mendoza
4,2%
5,4%
1,2%
Misiones
4,3%
4,3%
0,0%
Neuquén
1,5%
1,6%
0,1%
Río Negro
0,4%
0,6%
0,2%
Salta
6,3%
7,5%
1,2%
San Juan
0,4%
4,9%
4,5%
San Luis
2,4%
2,5%
0,1%
Santa Cruz
0,5%
0,0%
-0,5%
Santa Fe
2,8%
2,6%
-0,2%
Santiago del Estero
4,4%
3,7%
-0,7%
Tucumán
8,8%
8,5%
-0,3%
Tierra del Fuego
0,2%
0,1%
-0,1%
Fuente: Anuarios Estadísticos 2005 - 2009. Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (DINIECE) - Ministerio de Educación.
En principio podemos afirmar que para la Ciudad el desafío no pareciera ser central. Sin dudas deberá tener que revisar geográficamente la oferta y -tema seguramente de otro post- la organización escolar del “más tiempo”, desafío que pocos están seguros de cómo resolver
Llamativo es el poco o nulo avance que hubo en estos años, teniendo en cuenta que Argentina pasa, como algunos afirman, por "el gran momento económico" y "el crecimiento a tasas chinas". Sólo San Juan y Chubut han tenido “significativos” avances con respecto al promedio (alrededor del 4%). La mayoría de las provincias no han tenido avances o mucho peor, posiblemente por el incremento de matrícula en el sector estatal (algo nada malo) 9 de ellas han retrocedido con respecto al año 2005, previo a la aprobación de la Ley. Si estamos de acuerdo con los objetivos de la ley, algo habrá que hacer ya que, aún alcanzando el nivel de crecimiento de la mejor provincia, deberemos esperar al año 2070 para “festejar” la universalidad de la jornada completa en el nivel primario en el país. ¿Estaremos de acuerdo con este objetivo dentro de 60 años? ¿Será necesario?
Queda, por último, hacer una reflexión mucho menos superficial sobre el uso educativo de ese “más tiempo” que se quiere agregar y el debate sobre si debe o no ser íntegramente “escolarizado”. Esa reflexión es compleja y tiene muchas aristas para definir en un par de líneas… Por eso hoy "tiraremos levemente" de algunas puntas del ovillo: ¿Estamos seguros que el tiempo escolar actual está bien utilizado? ¿Será bueno agregar horas para hacer “más de lo mismo”? ¿Es bueno que nuevos conocimientos deban ser “obligadamente escolarizados” para incorporarlos al actual formato institucional? ¿Será una buena oportunidad para explorar otros formatos institucionales, con participación de otras agencias educativas, construyendo “redes de conocimientos” más amplias? ¿El más tiempo va ligado al “más espacio” o sólo es “más tiempo”? ¿Cómo se relaciona el tiempo escolar con el tiempo libre y con el tiempo en familia? Muchas preguntas (seguro hay muchas más) que obligadamente formarán parte de la agenda de los futuros gobiernos nacionales y provinciales. Hay experiencias exitosas, (y no tanto) en nuestro país como para abrevar y construir una propuesta que hasta hoy parece ausente… Eso sí, siempre teniendo como centro al que aprende...

Si querés leer más sobre escuelas de Jornada Completa en Ciudad de Buenos Aires After Lumpen 2. Buen artículo de Carla Valicenti.

Para terminar 2 viñetas (para reflexionar y opinar)
Relación tiempo escolar - tiempo libre en Finlandia.

Relación tiempo en escuela - tiempo en familia en España.


Comentarios

  1. Flavio, excelente articulo. No tendre la petulancia de hablar de educacion en los mismos terminos en que lo haces vos, pero si me ayuda a una reflexion general. Creo que es necesario que la educacion como proceso general, que incluye la escuela y el tiempo escolar pero que tambien lo excede, empiece a tomar en cuenta realidades mas complejas y contemporaneas. Tal el caso de los limites de la educacion como proceso creativo y la idea segun la cual la actividad formativa hoy es permanente y no puede agotarse en "ciclos" formales como anteriormente se intentaba. Otro dilema es como hacer para desde la escuela publica dar respuesta a estas nuevas realidades y a la vez atender cuestiones extra escolares sin dejarse ganar por cierto "pobrismo" que les asegura bienaventuranza a los adultos progresistas pero fija a los chicos en situaciones de indignidad inmutables.
    Abrazo y otra vez felicitaciones por el articulo

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  2. Hola :

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  3. Hola Soy Ambientereal1

    Como siempre tan sabios tus artículos. Seguimos midiendo con el parámetro equivocado. O no midiendo en absoluto!!
    En todo proceso, debe haber una realimentación, que en el caso de la educación son los resultados en los exámenes. Si todos aprueban, o si no se evalúa adecuadamente, "no se podrá mejorar" solo podremos cambiar para tener la excusa de que algo hicimos.

    Un abrazo

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  4. Buenísimo!!! Mientras que la finalidad de la educación no esté "plenamente centrada en el alumno", que haya un cambio radical, que las mejoras no sean superfluas para remediar una problemática momentánea, que las políticas del estado sean sustentadas por un paradigma concreto y real pensado para revertir problemas presentes y futuros, desde mi humilde entender, ningún proyecto tendrá éxito.

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