Improvisar, sólo para el jazz…

Tras la segunda guerra el músico de jazz no aspira a dirigir su propia orquesta. La tendencia es formar pequeños grupos, actuar en pequeños clubs: una verdadera revolución. Muerto el swing, cae el interés por bailar y la libertad entra definitivamente al jazz. Un nuevo estilo se impone: el bebop. Asumir riesgos es lo nuevo e inventar sobre la marcha hace que los músicos se vuelvan creativos y dejen de existir los límites. Recrea melodía a partir de la armonía, improvisa sobre melodía o escalas, el músico por encima del compositor. Y aunque la improvisación no es la única característica que define al jazz, es esta libertad la que lo convierte, para mi gusto, en la música más atractiva que se pueda tocar.
Pero dejando el ámbito musical, la improvisación, según el Diccionario de la Lengua Española es “hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación” y con este concepto me gustaría contrastar la imagen resultante del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Hace más de dos años venimos escuchando a diferentes actores PRO ostentar el “valor agregado” que aportan sus “equipos preparados para gobernar”. Y de tanto repetirlo por ahí se busca naturalizarlo…
Releyendo diarios de la campaña electoral encontramos algunos nombres y equipos para áreas que la futura gestión parecía visualizar como prioritarias. Una de ellas, la educativa. El nombre, Mariano Narodowski. Macri “en campaña” casi desde su derrota en el año 2003 parecía mostrar equipos sólidos, eficaces y eficientes preparados para resolver todos los problemas que aquejaban a la Ciudad.
La verdad es que para los que formamos parte del “universo educativo”, la llegada de un “docente” al Ministerio, aunque no compartíamos algunas de las líneas esbozadas por el PRO, era un elemento de satisfacción y una señal inequívoca que el área era central en la política del futuro gobierno. Por ello, se creyó que la llegada de Macri podría aportar cierta “racionalidad” perdida en el ámbito educativo y reasumir la centralidad del Estado en la definición de las políticas frente a lo que el propio Narodowski denominaba “cogobierno con los sindicatos” desarrollado durante los años en que esta ciudad fue gobernada por Anibal Ibarra y Jorge Telerman.
En muy poco tiempo la realidad pudo más que la esperanza y la característica del “jazz”, la improvisación, asomó a todas luces…
Dejamos para otro momento un análisis exhaustivo, área por área, de las políticas -o la falta de ellas- en el ámbito educativo. El recambio de tres ministros y cinco reformas de la estructura ministerial en dos años de gestión, son un indicador claro de esa improvisación. Tres ministros, sin ninguna continuidad en política educativa, con distintas formaciones y trayectorias profesionales, hasta por momentos contradictorias. Cinco estructuras que a falta de política, fiel a un modelo conductista, intentaron dar solución a la gestión de un compleja área como la educativa.
El primero de los ministros, Narodowski, un académico, nacido del propio sistema de la Ciudad en los años 80 y con el hándicap de venir trabajando desde la época del PRO en la oposición conformó un primer equipo que al poco tiempo debió cambiar ante las primeras dificultades en la gestión. Con él, llega el primer cambio de organigrama. Cambios de nombres de algunas áreas, manteniendo las mismas funciones y la subvaloración de la formación superior, pasando de Dirección General a Dirección de Área y separando la formación docente de las demás formaciones superiores. Direcciones que pronto terminaron a la deriva y a partir de allí una vacancia de política y un renunciamiento a tomar definiciones para el sector, llegando al presente con políticas definidas más por el gobierno nacional que por la propia Ciudad. Un signo de debilidad que trae aparejado el abandono de la defensa por la autonomía de la Ciudad en este tema. La formación inicial de los docentes o de los técnicos superiores es central en una política educativa y en eso debemos trabajar como jurisdicción jerarquizando el área para que pueda complementarse las instituciones entre sí, con la Universidad y el mundo laboral, la ciencia y la técnica.
Tras la situación generada por el problema de las escuchas y la supuesta participación del Ministerio, el primer recambio. Llega una personalidad “extravagante”: Abel Posse. Su paso por el Ministerio es efímero. Sólo once días. Pero con él, un nuevo cambio de la estructura orgánica de la cartera, el tercero para ese momento. Para esa época se escuchó decir: “Posse es un ‘embajador’, el poder lo tendrá Andrés Ibarra”, un compañero de ruta de Macri, en ese momento a cargo de los recursos económicos y financieros del ministerio. Para eso se creó un escalón intermedio, la Secretaría de Educación, de la que pasa a depender todo el sistema educativo.
Entre un cambio y otro, se subdividen áreas creando varias Direcciones Generales y diversas coordinaciones, a cargo de temas específicos, de dudosa eficacia para el sistema. Para recordar, sólo una línea: uno de los “temas de campaña” de Mauricio Macri fue el “gasto político” de las administraciones. Sin embargo, en el área de Educación se han duplicado las Direcciones Generales, Direcciones Operativas (tal como las denomina el macrismo) y Coordinaciones de Programas y Proyectos con la consiguiente duplicación del gasto en personal de conducción y plantas de gabinete… Entre las creadas por el actual gobierno se encuentra la Dirección General de Inclusión Educativa a la que “van a parar” (casi literalmente) todos los programas y proyectos de inclusión educativa que se basa en que las escuelas “no incluyen” y las acciones de este tipo deben ser coordinadas desde fuera. Una propuesta distinta y a la que adherimos, es que la escuela sea el centro de la inclusión definiendo una estructura organizativa que conciba a los programas y proyectos al lado de cada director de área, supervisor, director de escuela o maestro con el fin de aportar herramientas más flexibles que se complementen con la institución escuela y con mecanismos claros de participación de los actores en la implementación de las políticas.
Por último, ante el fracaso producido por la llegada de Posse y los desatinos realizados en sólo esos once días se propone una “salida política” nombrando a Esteban Bullrich. No tomamos como “invalidante” el hecho de que provenga del ámbito político. Pero la dificultad hasta ahora de recuperar y reconstruir una política educativa sigue vigente. Así, el macrismo apela a un nuevo cambio en la estructura. Desaparece la Secretaría de Educación recientemente creada y su ocupante (Ibarra), reacomoda algunas áreas consideradas estratégicas que pasan a depender directamente del ministro. La “política” logra acuerdos, principalmente con los sindicatos, con el aumento salarial escalonado a muy poco de su llegada, buscando garantizar baja conflictividad y “tiempos de paz” para reorganizar el ministerio. Hasta el momento sólo fueron “tiempos de paz”… Pero, qué quiere el PRO sobre la Educación de la Ciudad? Todavía nadie lo sabe…
La respuesta rápida del PRO sobre lo que considera como logros seguramente caerá en lugares comunes: la implementación del inglés desde primer grado (antes era desde cuarto grado y todavía con inconvenientes serios para cubrir cargos por falta de docentes), 973 obras terminadas (de las que casi el 60% son de una inversión menor a los $10 mil y un 10% no tuvieron costo para la ciudad, mientras siguen relanzando obras que debieron ser terminadas durante el 2008), todas las escuelas con conexión a Internet (aunque en algunas escuelas sea sólo para la Pc del Director) o el comienzo de la distribución de las primeras 700 netbooks para alumnos de nivel primario (sobre un total de casi 150.000 alumnos). No mucho más.
Pareciera que para el PRO la función pública es un proceso de sucesivos ensayos y rectificaciones, libre de responsabilidades, que no mide los altos costos que puede producir en la Ciudad y sus habitantes. Los efectos pueden ser inmediatos pero muchos se mantendrán durante largo tiempo: las equivocaciones o vacancias de políticas impactan mucho más allá de una gestión… En Educación más…
Por el contrario, en tiempos “líquidos” e inciertos el Estado puede/debe garantizar ciertos puntos de partida. Uno de ellos: definir una política para el sector, mantenerla y estructurar un organigrama que de previsibilidad a las instituciones educativas, ordene, conduzca, proteja…
Conclusión (para terminar con “síncopa”): es bueno escuchar bateristas como Kenny Clarke o pianistas como Thelonius Monk improvisar sobre “Body and soul” pero es, por lo menos, imprudente convertir la gestión en Educación en una gran Jam Session

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